Tierra de Historias – Infocampo https://www.globalwheelco.com Lo que pasa en el campo, te lo contamos acá Tue, 08 Apr 2025 14:46:09 +0000 es-AR hourly 1 https://www.globalwheelco.com/wp-content/uploads/2022/12/cropped-favicon-32x32.png Tierra de Historias – Infocampo https://www.globalwheelco.com 32 32 “Juanchi”, el ingeniero biomédico que se volvió al campo y hace cirugía en los rindes con el riego por goteo https://www.globalwheelco.com/juanchi-el-ingeniero-biomedico-que-se-volvio-al-campo-y-hace-cirugia-en-los-rindes-con-el-riego-por-goteo/ Tue, 08 Apr 2025 14:45:18 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=573914 Desde Alcira Gigena, en el sur de Córdoba, Juan José Boccolini es el nuevo protagonista de Tierra de Historias®. De una infancia rural a un padre que no quería que fuera productor, hasta el presente en que sueña con ver sus hijos jugando en el campo. ]]>

Desde niño y adolescente, Juan José “Juanchi” Boccolini recuerda las palabras de su padre que le insistía en que no siguiera su camino y el de su abuelo de ser productor rural, porque “el campo es para las liebres”.

El interés por la medicina le llevó a desandar un camino profesional como ingeniero biomédico, pero recuerda que un día se vio en el departamento en que vivía en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), en un lugar en el que ya no quería estar, y se volvió para su lugar de origen: Alcira Gigena, cerca de Río Cuarto, en el sur de Córdoba.

Hoy, con 36 años, cuenta que la convivencia con su padre no es sencilla, pero aspira a seguir creciendo en lo que siempre le gustó: estar en el campo. Y sueña con tener hijos y que sigan el camino de disfrutar del ámbito rural.

El dato productivo extra: fue quien sugirió incorporar riego por goteo enterrado en parte del establecimiento familiar y en apenas un año demostró sus ventajas, al lograr rindes récord para el trigo, incluso en una zona donde ese cereal es más una excepción que una regla.

“Juanchi”, el ingeniero biomédico que se volvió al campo

“Juanchi”, el ingeniero biomédico que se volvió al campo

“Juanchi” es el nuevo protagonista de Tierra de Historias®, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Un extracto de esta entrevista, que se puede escuchar en la cuenta de Spotify de Tierra de Historias® o al finalizar esta nota, se reproduce a continuación:

-En tu vida hay algo que rompe el molde: te criaste en el campo, pero estudiaste ingenierio biomédico. Te recibiste, trabajaste cinco años, pero luego volviste a trabajar al campo. ¿Hubo un momento en que te preguntaste por qué estoy acá y decidiste volver? ¿Fue algo puntual o un devenir?
-Es una pregunta compleja esa, porque el origen es que mi padre no quería que yo trabajara en el campo. Siempre usaba la frase de que el campo es para las liebres. Me llenó tanto la cabeza con que tenía que ir a hacer otra cosa, buscar otro futuro, que desde chico influenciado por esa voz paterna, por ahí ya fui buscando una alternativa. Terminando la secundaria me cruzo con un primo segundo en un casamiento y me entero que se estaba preparando para estudiar ingeniero biomédico en Córdoba. Desde ese entonces empecé a averiguar y decidí lanzarme para esa carrera. Fue todo un desafío porque al que le decía eso, se quedaba mirándome como diciendo qué es eso. Y ni yo sinceramente sabía tanto de qué era. Pero sí me gustaba mucho la medicina, la veterinaria, toda esa parte del sistema inmunológico, todo eso.

-¿Cuándo fue el momento en que dijiste: “la verdad es que no quiero estar en un consultorio o un laboratorio y quiero lo mío, estar en el campo”?
-Un resumen corto: trabajé en el Hospital Córdoba, en ese entonces el Hospital más grande de esta provincia, y de ahí me llaman para trabajar en una empresa multinacional en Buenos Aires. Trabajé casi dos años ahí, y un día estaba tomando una cerveza en el balcón del departamento que tenía alquilado en Belgrano, en una hamaca paraguaya, en una época en que venía hablando todo el tiempo con mi padre sobre cómo estaba la situación en el campo, estaba al tanto de los mercados, de todo, y dije: “Tengo que volver al campo”. No hubo algo puntual, fue así.

“Juanchi”, el ingeniero biomédico que se volvió al campo

“Juanchi”, el ingeniero biomédico que se volvió al campo

-O sea, no hubo un camino, fue como un piano que se cayó del quinto sí.
-Sí, algo parecido a eso, ni más ni menos que una cerveza, una tardecita solo en el balcón de ese departamento, y al mes ya estaba acá (por Alcira Gigena).

-¿Cómo fue? ¿Agarraste la valija, saludaste a todos en Buenos Aires y volviste diciendo: acá estoy, soy ingeniero biomédico?
-Fue algo que tuve que hacer porque volver de sorpresa no era tan sencillo. Continué trabajando como ingeniero biomédico en una empresa que hace productos médicos en Río Cuarto, y ahí sí a la mañana trabajaba como ingeniero y a la tarde como hijo de productor. Ese fue como el arranque en el campo: hacía los mandados, llevaba y traía cosas, iba, venía, veía la siembra, una cosa y otra, sin dar órdenes; empapándome más aún de lo que ya sabía porque al fin y al cabo nací y me crié en el campo, que es el mismo donde empezó mi abuelo, somos la tercera generación. Así hubo una pequeña transición de casi un año y ya en agosto del siguiente me desvinculé de la empresa.

-¿Qué te dijo tu papá en ese contexto luego de que siempre insistiera con que te fueras de ahí?
-Hubo algo clave: yo fui notando que él no podía crecer mucho más porque no tenía una mano derecha que le ayudara con aspectos como saber que había créditos para comprar una máquina o un camión. Y en ese momento mi padre no dijo nada, se fue amoldando. No me cerró las puertas ni tampoco me dijo: “Dale, sí, venía trabajar”. Fue algo raro tanto para él como para mí. Por eso cuando comencé la idea fue estar a la mañana en la empresa y a la tarde en el campo, fui como mechando, hasta que me gané mi espacio o mi confianza.

“Juanchi”, el ingeniero biomédico que se volvió al campo

“Juanchi”, el ingeniero biomédico que se volvió al campo

-En esa etapa que fuiste de a poco integrándote de nuevo al campo, en algún momento ya pudiste comenzar a hacer tus aportes más en firme. ¿Cómo fue esa transición con tu padre? Además, tengo entendido que vos fuiste el que propusiste sumar riego por goteo enterrado.
-En lo primero, todavía no hay un desenlace feliz digamos, porque el cambio generacional sigue sucediendo y a veces se nos hace difícil porque tenemos formas distintas de ver y plantear las cosas, los negocios o manejar la gente. Tenemos chispazos por yo trato por ahí de ir a 150 por hora, y mi papá a 60 u 80. A mí me ayuda que pertenezco a un Grupo Crea donde se habla mucho de los traspasos generacionales, porque no somos los únicos que tenemos ese problema. Y respecto del riego, sí, se lo propuse una vez yendo a Río Cuarto en la camioneta y su respuesta fue que estaba loco, que nadie tenía, que no podía ser.

-¿Ustedes ya tenían algo de riego o no?
-No, en mi zona no hay riego. Entonces me dijo que no podía pensar así, que me dedicara a pensar en otras cosas, me dijo de todo. Y bueno, quedó. Pero previamente a contárselo a él, yo había averiguado bastante, porque sabía que no le podía caer con una idea cruda y tirársela al aire. A los dos meses más o menos un día viene y me pregunta: ¿cómo es lo del riego? Investigamos y pusimos las primeras 70 hectáreas de riego por goteo subterráneo, que te permite largar los milímetros de manera controlada al lado de la raíz. Y por ejemplo, en el primer año, en nuestra zona que no es triguera, ya logramos rendimientos récord, salimos en los medios por el nivel de producción que tuvimos. Imagínate, esto fue un logro muy bueno y disruptivo para la zona, así que estamos muy contentos por haberlo hecho.

-¿Cuándo miras a 5 o 10 años, a donde te ves?
-Laboralmente, pienso que creciendo un poquito más en superficie bajo riego. Y personalmente, me veo con uno o dos changuitos dando vueltas por ahí, arriba de un caballo y haciendo la vida que más o menos demanden. Mi idea sería bajar un poco un cambio y acompañarlos como alguna vez me acompañaron a mí, eso está bueno.

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Falleció su padre y tuvo que convertirse en productora: “Nadie sabe de qué es capaz, hasta que le toca hacerlo” https://www.globalwheelco.com/fallecio-su-padre-y-tuvo-que-convertirse-en-productora-nadie-sabe-de-que-es-capaz-hasta-que-le-toca-hacerlo/ Sat, 22 Feb 2025 10:52:22 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=571927 Macarena Ramos trabajaba como investigadora del INTA en Tucumán, cuando en 2020 la muerte repentina de su padre la obligó a cambiar de vida. Hoy también es asesora y atiende cerca de 6.000 hectáreas. Su testimonio, en una nueva entrega de Tierra de Historias®. ]]>

La Ramada es un pequeño pueblo ubicado a 40 kilómetros de San Miguel de Tucumán, la capital de la provincia homónima, que esconde una rica historia de resiliencia vinculada al sector agropecuario.

Se trata de la trayectoria de Macarena Ramos, una joven agrónoma que en 2020 se vio sacudida por la repentina muerte de su padre y tuvo, junto a su hermana y su madre, que hacerse cargo del campo familiar.

Hasta ese momento trabajaba como investigadora en el INTA y no imaginaba lo que es su vida hoy, en la que no solo lleva adelante el establecimiento propio sino que junto a su hermana asesoran a productores de todo el NOA, atendiendo cerca de 6.000 hectáreas.

Para Macarena, no hay que tener miedo porque “paraliza” y repite, al repasar su vida, que “nadie sabe de qué es capaz, hasta que le toca hacerlo”.

Es la nueva protagonista de Tierra de Historias®, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Un extracto de esta entrevista, que se puede escuchar en la cuenta de Spotify de Tierra de Historias® o al finalizar esta nota, se reproduce a continuación:

-Contame de tu infancia: ¿qué cosas te acordás? Anécdotas, comidas, aventuras.
-Yo vivo en un pueblito que está a 40 km de Tucumán capital, que tiene netamente orígenes agrícolas: fue fundado por colonos españoles, mis bisabuelos que llegaron escapando de la guerra. Y ellos vinieron obviamente con todas sus tradiciones españolas y es algo que viví desde muy chiquitita. Tengo hermosos recuerdos de mi infancia, de los domingos, por ejemplo, al llegar a la casa de mis abuelos y mi abuela haciendo una muy buena paella y de fondo los paso dobles en la radio; mi abuelo sentado, tomando unos mates; esa mezcla argentino-española. Me daba mucha alegría llegar y sentarme con mi abuelo, que si estaba con ganas capaz que se bailaba hasta un paso doble, un tanguito, en la cocina, mientras la abuela cocinaba. También tengo muy buenos recuerdos, era una aventura total, cuando se hacía el carneo de cerdos para preparar embutidos: lo vivíamos como una fiesta, desde los más chicos hasta los más grandes ayudábamos.

-Y fuiste a la escuela rural del pueblo. De eso, ¿qué recordás?
-Todavía sigue funcionando. Me acuerdo que quedaba muy cerquita y que estuvo cerrada por muchos años, y fue mi papá el que laburó para que esa escuela se reabra un tiempito antes de que yo empiece el jardín. Y también me pasó algo muy lindo que fue que me invitaron de la escuela a charlar con los nenes, para contarles un poquito sobre campo, y fue sentarme del otro lado, en la misma sillita en que me sentaba de niña, cosas que te permite vivir en un pueblo: siempre seguir conectado con tus orígenes.

macarena ramos soja

-Después llegó el momento de estudiar y elegiste agronomía. ¿Por qué?
-En mi caso, al secundario lo hice ya en Tucumán capital, lo que me dio la posibilidad de tener más contacto con la oferta académica. Además, fui la primera generación de profesionales, porque antes no habían tenido posibilidades económicas para que mis padres pudieran estudiar. Entonces tuve el apoyo familiar y la libertad también de elegir qué es lo que yo quería estudiar. No te voy a mentir y por ejemplo coqueteaba mucho con la meteorología, que es algo que siempre me llamó mucho la atención. Me conecta con mi infancia por eso de observar el clima, cómo está el tiempo, si va a llover, si va a ser un año húmedo o seco, eso me apasionaba. Pero empecé a averiguar un poco sobre la carrera y cuando vi que con la física y la matemática no soy muy amiga, pensé: “no va por ahí.” Por un momento pensé también biotecnología, pero al final un día me levanté y es como que decantó la idea de decir: “Voy a estudiar agronomía”. Y el hecho de convencerme me dio una paz, la certeza de que estaba eligiendo bien, porque amo el campo y cuando fui a estudiar a la capital solamente podía ir los fines de semana; entonces sentía que estudiando agronomía iba a poder estar más en contacto con lo que me gusta hacer, mi estilo de vida, que es vivir y trabajar en el campo. Luego, desde el primer día de clase, me sentí en el lugar correcto.

-Pero fuiste osada, porque hubo gente que te dijo que siendo mujer, podría ser un problema, ¿no? Aunque tu familia sí, te apoyó.
-Sí. Tengo una hermana mujer, somos dos mujeres, entonces para mi papá fue estar feliz de la vida, por sentir que alguien seguía su legado. Pero sí es verdad que muchas personas me dijeron: “¿Estás segura? Mirá que no es para mujeres esa carrera, no tienen lugar en ese medio, es de hombres”. Por suerte, el núcleo interno de mi casa me dijo que le diera para adelante y además yo estaba tranquila con mi decisión. Fue algo osado, por decirlo de algún modo, transgresor, pero funcionó.

-En ese sentido, cómo fue después, en tu primer trabajo. ¿Sentiste algún condicionamiento por ser mujer?
-Me fue muy bien: en la carrera terminé siendo abanderada. Pero es verdad que en quinto año entre, no sé, 100 hombres, éramos seis mujeres. Al fin y al cabo, la proporción de género es cierto que era un tema que se hacía sentir. De todos modos, por las buenas notas y el buen promedio conseguí una beca mientras era estudiante y entré a trabajar en una parte que por ahí es un poco más “amigable” con la mujer, que de investigación. Hoy por hoy, la mujer está mucho más inserta en lo que es las carreras de investigación. Así, en ese momento no sentí que por ser mujer hubiera alguna diferencia, estaba todo bien. Después me pasé a producción, a andar más en el campo, y ahí sí, me pasa hasta el día de hoy, que es como raro ver una mujer sola en caminos desolados. Incluso tengo una anécdota que me para la Policía y me pregunta qué hacía por allí, le cuento que estoy trabajando y me responde: “¿No te da miedo?”. Le digo: “¿Por qué?”. Y señala: “Porque sos mujer, y andás sola de noche trabajando”. Entonces sí es como que todavía es un poquito raro y, obviamente son una minoría, pero hay quienes te hacen sentir como si estuvieras en el lugar equivocado.

-Además, por ejemplo, si se te pincha una rueda, seguro la sabés cambiar y cosas así, que no todos pueden.
-Sí, aprendés, cuando estás en el campo es, por decirlo de alguna manera, una supervivencia. Aprendí de mecánica, aprendí a cambiar una rueda, me pasó de cambiarle fusibles a la camioneta porque se me había quemado la luz, son cositas que vas sumando. Mientras no te autolimites, yo creo que todo se aprende. Es como que el colectivero que lleva su vianda porque sabe que no se puede parar a comer en un bar, vos sabes que si tenés que ir al campo, tenés que llevar el auxilio, tenés que saber manejar en el barro y no tenés que tener miedo, porque si tenés miedo, el miedo te paraliza, te limita. Aparte yo por lo menos lo vivo como que estoy haciendo lo que me gusta, entonces al miedo trato de no sentirlo.

macarena ramos

-Ahora quiero ir hacia el año 2020: estabas pensando en hacer una especialización, estabas trabajando en la Estación Obispo Colombres, un lugar emblemático del INTA para lo que es investigación agropecuaria, y de un día para el otro falleció tu papá. ¿Cómo fue con tu hermana y tu mamá llevar adelante ese dolor, pero a la vez tener que hacerse cargo del campo? ¿Pasar de investigadora a productora en un tris?
-Siempre digo que nadie sabe de lo que es capaz, hasta que te toca hacerlo. Yo en el 2020 estaba trabajando en la Obispo Colombres, investigaba sobre malezas en limón; o sea, nada que ver lo que hago ahora. Y estaba proyectando empezar un doctorado. Tenía 27 años, pensaba que era un momento de mi vida para para empezar a perfeccionarme. No estaba en Tucumán cuando sucedió lo de mi papá, justo era un finde feriado de Carnaval, que estaba con amigos pasándola bien por ahí, hasta que sonó el teléfono y mi papá, una persona sana de 57 años, le dio un infarto y no hubo nada para hacer. De golpe, no era algo que esperáramos, no es que mi papá estaba enfermo ni nada por el estilo. Es difícil explicarlo pero mi vida en ese momento hizo una bisagra en todo sentido, tanto en el plano personal como en lo laboral. Porque mientras volvía a Tucumán en ese momento que es horrible, ya tenía en claro por ejemplo que a mi trabajo no volvía. En mi casa valoramos mucho lo que los padres te dan, lo que se hace en familia, entonces tenía muy bien claro que volvía a insertarme en lo que mi papá estaba haciendo. Y así fue: llegué a Tucumán, transitamos todo ese momento de dolor, pero tenía la certeza de que que había que seguir para adelante. Fue algo que nunca nos cuestionamos, ni mi mamá ni mi hermana, formamos un equipo bello porque somos las tres mujeres. Mi hermana también es ingeniera agrónoma y mi mamá es una genia: siempre estuvo a la par de mi papá, entonces sabía todo del manejo de la empresa, sabe tanto o más que yo de muchas cosas. Así fue que apenas unos días después del sepelio, salimos a hablar con los empleados y les dijimos: “¿qué quieren hacer? Van a seguir? Porque nosotras vamos para adelante”. Y menos de dos días de después de lo de mi papá nos fuimos a sembrar un campo que había quedado pendiente. Te juro que en ese momento todo lo que podía saber como ingeniera se me había ido; o sea, era más convicción que certezas, pero no importó. Nos fuimos a sembrar poroto y mientras tanto ya había lotes con maíz sembrado, entonces era subirme a la chata de mi viejo, que la había dejado estacionada en el garaje, sacarla y escuchar hasta la emisora que estaba escuchando él en la radio el último día que anduvo en el campo. Empezamos de poquito, no te digo que fue fácil porque la verdad que lo recuerdo como uno de los peores días de mi vida, pero también fueron días que me permitieron llegar a donde estoy hoy acá. Cuatro años después, seguimos con la actividad de él y seguimos trabajando como lo haría él, obviamente aportando las mejoras que uno puede hacer por la carrera que estudió.

-A la par, junto con tu hermana han encarado el rol de asesoras. Contame también de esa experiencia que están desandando.
-Mirá, cuando muchos se enteraron que mi hermana, mi mamá y yo íbamos a continuar con la actividad de mi papá, te juro y podría hacer una apuesta, que nadie confiaba en nosotras. Deben haber sido contados con los dedos de una mano los que tenían fe que íbamos a poder. La realidad está a la vista que no nos fue mal y así un día me sonó el teléfono, alguien conocido de toda la vida, para decirme: “Quiero que trabajes conmigo, quiero que me des una mano con el campo”. Y ese fue mi primer cliente, que obviamente le tengo un aprecio hermoso, porque fue el primero que confió en mí. Después empezaron a aparecer más y con mi hermana somos las dos muy inquietas, si hay una reunión y son 50 hombres, aunque sea la única mujer, si el tema me interesa, voy y doy mi punto de vista. Al principio sí era como raro, hasta que se empiezan a acostumbrar y llega un día que te empiezan a escuchar. Pero además, tenemos un plus: cuando te doy un servicio es un dos en uno, porque soy ingeniera, asesora, pero también productora; entonces entiendo lo que te pasa en el campo porque también lo vivo y lo siento. Cuando te pido que hagas algo es porque entiendo lo que estás gastando, empatizo mucho con el lado del productor porque también lo soy; se valora como que asesoro desde otro lugar. Así hoy ya son varios clientes; estamos con mi hermana para todos lados porque trabajamos campos en Salta, en Santiago, yo llego hasta Catamarca, Tucumán. Y hoy por hoy, así como quien no quiere la cosa, en cuatro años pasamos de estar en una oficina haciendo investigación a manejar 6.000 hectáreas. En ese camino también estoy ahora en la comisión directiva de una Asociación de productores, donde me siento a discutir cuestiones gremiales de las cuales hace cuatro años no tenía idea; de repente estoy sentada hablando de las retenciones al maíz. En definitiva, creo que como asesora el crecimiento fue muy grande, porque te permite interactuar con gente; me di cuenta que me gusta mucho, no es algo que yo hubiera imaginado que iba a ir por ahí mi desarrollo profesional, pero la verdad que estoy muy cómoda y me gusta mucho lo que hago. Obviamente espero que cuando pasen los años ser cada vez mejor, o sea, para eso trato de perfeccionarme siempre.

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Tierra de Historias: testimonios de jóvenes y su pasión por el campo https://www.globalwheelco.com/tierra-de-historias-testimonios-de-jovenes-y-su-pasion-por-el-campo/ Sat, 18 Jan 2025 09:56:53 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=569900 Desde hace un año y medio, la serie de podcast Tierra de Historias®, producida de manera integral por Profertil y difundida por Infocampo, muestra a jóvenes relacionados con el agro, sus desafíos y sus pasiones. Un repaso por todas esas historias. ]]>

En el campo, las historias las escriben quienes trabajan la tierra. Y si bien la historia cuenta el pasado, también es un puente a comprender el presente y a proyectar el futuro.

Desde hace un año y medio, Tierra de Historias® es una serie de podcast producida de manera integral por Profertil, que se puede escuchar por Spotify y que Infocampo replica una vez por mes, donde los protagonistas son jóvenes que relatan su pasión por el campo.

Conducidos por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda, estos episodios ahondan precisamente en las historias de los entrevistados, quienes recuerdan su infancia, cómo eligieron su carrera, qué los apasiona de su trabajo actual y cómo avizoran el futuro, con el rol de los jóvenes como protagonistas de ese devenir.

A continuación, un repaso por todas las entrevistas que se publicaron desde junio de 2023 hasta hoy, para volver a leer y escuchar las visiones de quienes estarán a cargo de que el campo siga teniendo un rol clave en la historia del país.

Magalí: la productora que apuesta por los cultivos y forrajes en la Patagonia

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Santiago, el ateneísta que busca “derribar los mitos que dividen al campo y la ciudad”

Santiago, el joven ganadero y ateneísta que busca “derribar los mitos que dividen al campo y la ciudad”

Javier, el productor ovino de la Patagonia que cambió el pastoreo para frenar la desertificación

Javier, el joven productor ovino que le da pelea a la desertificación

Ana Paula, la diseñadora industrial que muestra la genética animal desde Tik-Tok

Ana Paula, la diseñadora industrial que muestra el mundo de la genética animal desde TikTok

Macarena, la profesora de arte dramático que hoy cría “gallinas felices”

Estudió y enseñó arte dramático, pero la pandemia la hizo volver al campo y hoy cría “gallinas felices”

Estanislao, un hombre del conurbano que ama al campo y se convirtió en “agroinfluencer”

Nació en el conurbano y trabajaba en una prepaga: decidió dedicarse al campo y hoy es un “agroinfluencer”

Agustín, el joven para el que la salida es la bioeconomía

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Franco, el contratista que aprendió a manejar la cosechadora antes que el auto

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Nació entre uvas y frutales, se crió entre hortalizas y hoy sueña con ser referente en laboratorios para el agro

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Agustín, el biotecnólogo que desmitifica la agricultura orgánica

Agustín, el biotecnólogo que defiende la agricultura convencional y desmitifica la producción orgánica: “Es marketing”

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Agustín, el biotecnólogo que defiende la agricultura convencional y desmitifica la producción orgánica: “Es marketing” https://www.globalwheelco.com/agustin-el-biotecnologo-que-defiende-la-agricultura-convencional-y-desmitifica-la-produccion-organica-es-marketing/ Sat, 21 Dec 2024 10:45:26 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=568524 Agustín Colombier es el protagonista de un nuevo capítulo de Tierra de Historias®. Tras estudiar abogacía e informática, se decidió por la biotecnología y hoy la explica de manera sencilla a través de las redes, donde defiende también los transgénicos y el uso de fitosanitarios. ]]>

Cuando era niño, Agustín Colombier recuerda que amaba a los dinosaurios en particular y, desde ahí, a las ciencias naturales en general.

Tenía también conexiones familiares al respecto: su padre es ingeniero químico y su abuelo fue un reconocido taxidermista del Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Quería ser paleontólogo, pero un día en una conversación con adultos le hicieron abandonar ese sueño ante el temor de que fuera una profesión con bajo salario.

De allí que probó varias alternativas, pero por fuera de sus gustos de niño: primero, abogacía; luego, informática. Hasta que supo de una tecnicatura en biotecnología en la que se recibió y a partir de la cual se transformó en un divulgador con miles de seguidores en las redes, donde enseña para qué sirve esta disciplina.

Entre otras cosas, también es un gran defensor de la agricultura convencional: destaca la importancia de los cultivos transgénicos, el uso de agroquímicos y considera que el impulso a la producción denominada como orgánica es “marketing”.

Los detalles de su historia y su pensamiento forman parte de un nuevo capítulo de Tierra de Historias®, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Un extracto de esta entrevista, que se puede escuchar en la cuenta de Spotify de Tierra de Historias® o al finalizar esta nota, se reproduce a continuación:

-Comencemos por tu infancia: ¿Qué recordás de esos primeros años de vida? ¿Qué te gustaba hacer? ¿Había algo que te vincule con lo que después estudiaste?
-Lo que a mí siempre me gustó de chiquito fueron los dinosaurios y las ciencias naturales en general. Siempre quería hacer cosas relacionadas a la naturaleza. Si había, por ejemplo, algún juego de química, pedía que me lo regalen para Navidad o para mi cumpleaños; si veía una remera con un dinosaurio o con, no sé, un ADN o una célula, la quería. Eso es lo que me acuerdo, siempre tuve una infancia muy vinculada a lo científico. También viene en parte de familia. Quizás eso fue el puntapié inicial de lo que soy ahora.

-¿Por qué la familia también ha tenido que ver? ¿Qué hacían tus padres?
-Mi viejo era ingeniero químico y mi vieja asistente en salud mental. Y mis abuelos, uno era periodista en un diario de La Plata y el otro era taxidermista en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Por eso me crie también en el museo.

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-Para recordar: ¿qué hace un taxidermista?
-Es la persona que embalsama animales. Hoy no es un oficio que se practique ni se necesite tanto, pero en las década del ’50, ‘60 o ‘70 estaba muy en auge. La mayoría de los animales que están embalsamados en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata los embalsamó mi abuelo. Y bueno, yo me crie ahí, viendo cómo armaban los esqueletos de dinosaurios, una anaconda para ponerla en exhibición o cómo salían a cazar, porque en ese momento los taxidermistas iban con un equipo del Museo a buscar animales. Mi abuelo se ha ido hasta el Amazonas a buscar arañas, monos, peces.

-Con todos esos antecedentes, llegó el momento de estudiar y elegiste ser biotecnólogo. ¿Ese fue tu plan A o hiciste otra cosa?
-Biotecnología no fue ni siquiera un plan inicialmente, por el simple hecho de que no sabía que existía la biotecnología en sí, desconocía el término por completo. Yo en la adolescencia quería ser paleontólogo: miraba Jurassic Park, jugaba juegos de dinosaurios. Pero un día conversando con mi viejo y un amigo de él, ambos ingenieros químicos, me dicen: “Ya estás grande, tenés cierto conocimiento de lo que es el dinero, un salario, siendo paleontólogo, te vas a morir de hambre”. Íbamos en un auto, estaba atrás y me quedó eso dando vueltas. Entonces dije: voy a ser microbiólogo. Pero la carrera en ese momento no estaba en La Plata. Así entré medio como en una crisis de qué hago y caí donde caen todos los que no saben qué estudiar, pero sienten cierta presión de tener que estudiar algo: hice dos años de abogacía. No me preguntes cómo: no me gustaba, no me interesaba, pero pensé: voy a lo seguro, patear un penal fuerte al medio. Pero en un momento, mi viejo tuvo un problema de salud y tuvo que dejar la carrera durante un año, con la idea de retomar, pero ahí me desencontré con el derecho, sabía que no quería seguir ahí. Entonces de nuevo: ¿qué hago?

-¿Y qué hiciste?
-Medio que ya había descartado lo que eran Ciencias Naturales y Exactas, y como de niño también me gustaba mucho jugar a los jueguitos, me escribí en informática. Hice dos años, me estaba yendo bien, y un día de pura casualidad, en pleno verano, estaba escuchando la radio y promocionaban que se estaba por dar una nueva carrera, no en La Plata, pero sí cerca, en Ensenada, y era la Tecnicatura en Biotecnología. Me llamó la atención: busqué en Google qué es la biotecnología y me gustó mucho a qué se dedicaba. Entonces envié un mensaje al Instituto: me dijeron que ya habían cerrado las inscripciones, pero como había muy pocos inscriptos podían hacer una excepción conmigo. Me anoté y comencé a cursar.

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-De ahí, a ser un referente de la biotecnología en las redes.
-Esta tecnicatura era una carrera de tres años, con posibilidad de hacer un cuarto año de especialización, y el último año me agarra en 2020, en pandemia, todo virtual. Me terminé de recibir online, por medio de zoom, fue raro, no era lo que esperaba. Pero ese fue también el comienzo de lo que soy ahora, porque en plena pandemia estaba siempre con la computadora. Y me había quedado grabada una frase de un físico que ganó un premio Nobel, Richard Feynman, que decía: si no podés explicarle algo a un nene de cinco años o a una persona que no sabe del tema, es porque vos todavía no lo terminaste de aprender. Yo era muy activo en Twitter, y así empecé a poner por ahí frases un tanto genéricas, haciendo un glosario de cosas como por ejemplo qué es un organismo genéticamente modificado, y a la gente le gustaba. Me seguían muchos estudiantes también de carreras afines a la biotecnología, como biología o química, también me comenzaron a seguir investigadores, políticos e incluso productores agropecuarios. Así llegó un punto en el que mi cuenta estaba dedicada íntegramente a lo que era biotecnología. Ahí fue cuando decidí crear biotecnoblog para hacer una cuenta más de divulgación, no algo personal.

-¿Cómo fue que lograste “viralizar” esos contenidos?
-Lo primero ocurrió cuando el Gobierno anterior, un día sin ningún tipo de contexto, subió un video de un supuesto ingeniero agrónomo diciendo que los organismos genéticamente modificados eran malos, desde una cuenta oficial creo que era de un Ministerio. Pensé: no pueden hacer esto sin ningún tipo de explicación, era generar terror desde el Estado. Entonces cité el tuit y expliqué que era mentira todo lo que decía el video. Ese fue el primer gran posteo que tuvo mi cuenta, me empezaron a seguir mucha gente, muchos periodistas que me preguntaban sobre el tema, como que gané cierta notoriedad. A partir de ahí divulgaba cada vez que podía, en general no peleaba demasiado, hasta que vino el segundo gran hilo y que probablemente sea el más famoso hasta el momento: el hilo de Greenpeace y los tomates. Greenpeace tuiteó, junto con un reconocido chef, un video donde aseguraban que los tomates no tenían sabor por culpa de lo que ellos llaman agrotóxicos. Y además relacionaban los fitosanitarios con el agente naranja que se usaba en las guerras. Ese día estaba volviendo a mi casa y apenas llegué lo primero que hice fue abrir la computadora, buscar un paper que había leído sobre los tomates y su sabor, y armé el hilo que nunca pensé iba a tener tanto éxito. Lo vieron más de dos millones de personas, en 24 horas gané 10.000 seguidores, una locura. Me hicieron notas en todos los medios de Argentina y hasta de Inglaterra o Estados Unidos, en todos explicando que lo que decían es mentira y por qué era que los tomates no tienen tanto sabor como antes, e incluso cómo podíamos hacer con la biotecnología para recuperar su sabor.


-Para resumir: ¿para qué sirve la biotecnología, con tus palabras?
-Con mis palabras, la biotecnología es la genética aplicada a la producción. Porque uno tiene la carrera de genetista, porque está más aplicado por ahí a lo que es medicina. La biotecnología busca esa veta productiva: este gen hace tal cosa, produce tal proteína, causa tal enfermedad o te ayuda a adelgazar. Cómo puedo a partir de ello, generar un producto a escala industrial y mejorar la calidad de los alimentos, de la vida de las personas, de la economía a grandes rasgos.

-¿Y qué te entusiasma de la producción de alimentos hoy?
-Hace 100 años, la cantidad de alimentos que había era poca y su calidad no era la mejor. En cambio, hoy en día estamos muy cerca de tener un dominio casi total sobre lo que comemos: antes comíamos algo y por ahí sabías que te hacía bien, pero no por qué. Venía tu abuela y te decía: “Comé tal cosa porque te sirve para mejorar la vista”. Pero no sabías si era verdad o una leyenda urbana. Ahora sabemos al milímetro qué es lo que tiene cada alimento, en qué cantidades es recomendable consumirlo, qué efectos positivos y negativos tiene sobre nuestros organismos, y tenemos la metodología no solo para producir más y mejor, sino también para preservar estos alimentos. Por ejemplo, con biotecnología se están generando papas o manzanas que no se oxidan tan rápido y entonces se tarda más tiempo en eventualmente tener que tirarlas.

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-La contracara de esto: ¿qué te preocupa de lo que piensa la gente respecto de la producción de alimentos? ¿Cuáles son los mayores mitos?
-Cuando era adolescente y no había estudiado nada de genética, tecnología o agronomía, por ahí escuchaba hablar de transgénicos y pensaba que es malo porque te dicen que es malo. Ves la palabra transgénico y lo primero que aparece siempre es algún grupo ecologista marchando en contra. O que dicen: “Yo prefiero comer orgánico, en mi huerta”. Es uno de los motivos también que por el cual me sentí motivado a divulgar en las redes. Por ejemplo justamente el tema de lo orgánico, que tuvo un marketing en los últimos años de que es más sano que la agricultura convencional y se va replicando, y todo lo que tenga una cadena de carbono, una vida, es orgánico; una piedra es inorgánica. ¿Un tomate o una lechuga orgánicos no son alimentos? La gente asocia que lo orgánico es más sano, ecológico, que ayuda a los pequeños productores… Es una bola de nieve que se hizo gigante, al punto de que hay marcas de alimentos, de lácteos, que ponen que tal producto es orgánico para vender más. Es una cuestión de marketing. También el movimiento orgánico está en contra de lo que son los químicos sintéticos y los transgénicos. Yo lo pongo en un ejemplo relacionado al fútbol: es como tener a Messi, Maradona y Pelé en tu equipo, pero decidir no ponerlos y “jugar al fútbol de manera orgánica”, poniendo las inferiores. Si tenés a los mejores del mundo, úsalos, porque si no el resultado del partido no va a ser tan bueno. Con poca tecnología y sin agroquímicos, ¿las plagas no van a atacar la lechuga? ¿O no van a sufrir el frío extremo o los calores? Ni hablar la productividad: un productor que hace tomates de manera convencional en la misma cantidad de tierra que uno que hace orgánica, va a obtener muchos más tomates que no van a ser mejores ni peores, van a tener el mismo sabor y los mismos nutrientes, pero a lo orgánico le van a poner en una bolista que es orgánico y lo cobran cinco veces más caro.

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Pamela, la contadora y ferretera que ama los caballos y practica el “amanse natural” https://www.globalwheelco.com/pamela-la-contadora-y-ferretera-que-ama-los-caballos-y-practica-el-amanse-natural/ Sat, 23 Nov 2024 10:35:15 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=566930 Proviene de una familia ganadera del Chaco. No le gustó trabajar en una oficina y abrió una ferretería. Antes, fue parte de Ateneos rurales y al conocer el “amanse natural”, se terminó de enamorar de los caballos. Es la nueva protagonista de Tierra de Historias®.]]>

A menudo hay experiencias que en el momento son negativas, pero dejan aprendizajes positivos. Es el caso de Pamela Henain, la joven chaqueña que es la protagonista de Tierra de Historias®, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Oriunda de una familia con un campo dedicado a la cría bovina al que iban todos los fines de semana, recuerda que de niña siempre le gustaba llevar registros de lo que sucedía. De allí que, pese a que también era apasionada por los animales -fundamentalmente, los caballos– eligió finalmente ser contadora.

Pero su primera experiencia laboral no fue lo que esperaba: no le gustó trabajar encerrada en una oficina. Su padre le preguntó qué iba a hacer y decidió abrir una ferretería.

En el medio, nunca perdió conexión con el campo, porque fue parte de Ateneos rurales, y hoy otra actividad que ocupa su agenda diaria es la cría de caballos Cuarto de Milla, con “amanse natural”.

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Un extracto de esta entrevista, que se puede escuchar en la cuenta de Spotify de Tierra de Historias o al finalizar esta nota, se reproduce a continuación:

-¿Qué recordás del campo de niña? ¿Qué olores o sabores se te vienen a la mente y el corazón?
-Mi familia es netamente ganadera, dedicada a la cría de terneros. Yo soy la más grande de cuatro hermanos, que nos llevamos dos años de diferencia cada uno, así que imagínate lo terrible y el equipazo que éramos de pequeños y en el campo. El recuerdo más significativo vinculado con los olores, es el olor a alfalfa y el olor a caballo. Nosotros en realidad vivíamos a 60 kilómetros del campo, en Resistencia, era una actividad importante, pero secundaria en mi familia. Íbamos solamente los fines de semana, y lo característico era llegar e ir a alimentar a los caballos. Nos poníamos alfalfa y maíz en las manos, hacíamos como si fuese un platito con las manos. Y esa sensación como de cosquillas y ese olor al resoplido del caballo es algo que me marcó siempre. Incluso es una costumbre que sigo manteniendo.

-Llegó el momento de estudiar, elegiste contadora pública. ¿Por qué no, con todos esos antecedentes, Agronomía o Veterinaria?
-Fue un momento muy disyuntivo. Tenía dos opciones: el plan A era Ciencias Económicas, porque siempre me gustó que dos más dos sea cuatro; entonces, como que eso estaba bueno. Y por el otro lado, tenía Veterinaria, por mi pasión por los animales, sobre todo por los caballos. Pero era muy chica cuando decidí, porque estaba por empezar séptimo grado y quería elegir para hacer mi secundario orientado a lo que iba a ser mi futuro: irme por las ciencias económicas o por las ciencias naturales. A la vez, venía muy interiorizada con el tema del transporte de cargas, que era la actividad principal de mis papás, sabía lo que era manejo de formularios, hacer libros de IVA que en ese entonces era algo manual, facturas, remitos, recibos… También jugaba a que era oficinista y me ponía a completar formularios desde chica. Me gustaba mucho y por otro lado estaba mi hobby: me gustaba ir al campo, pero generalmente era solo los fines de semana y mi actividad era agarrar un caballo manso y jugar carreras con mis hermanos. Siempre vi a ese momento como una actividad de escape, de relajación, un juego; no lo pensaba como una actividad laboral. También tenía miedo de pensar qué voy a hacer si se muere un animal. Era muy chica y recuerdo que la primera vez que se me murió un animal lloré un día entero. Entonces era: ¿Cómo voy a afrontar ese momento de decir “por mi culpa muere un animal”? Siempre lo relacioné con eso, con una situación drástica, y fue lo que en ese momento me llevó a elegir y preferí los números, que es donde me siento segura. Además, también, tenía la Universidad muy cerca. Eran muchos puntos a favor de la carrera de Contadora.

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-Bueno, al final se podría decir que hoy manejar bien los números de cualquier actividad productiva, más en un país como en Argentina donde uno puede perder más dinero en la parte administrativa que en un lote, es fundamental. Y es algo que a los profesionales del campo no les gusta mucho, así que termina siendo una buena elección.
-Sí, aparte a mí siempre me gustaron los registros. Me acuerdo por ejemplo de ser re chiquita y estar en la manga tomando nota, de los números de caravana les ponía el pelaje. Fue algo que siempre me llamó la atención. Después hacer planillas, es como que siempre estuve abocada a eso y mi carrera también me dio herramientas generales para todos esos aspectos que mencionabas, de un país tan volátil como Argentina. Es una carrera muy amplia, que me dio muchas herramientas para poder manejarme hoy en día, en varios ámbitos y hacerlo de una buena manera.

-¿Qué recordás de tu primer trabajo? A este podcast lo escuchan muchos jóvenes y suele ser interesante saber cómo fue esa primera experiencia laboral.
-Mi primera entrevista laboral fue apenas unos días antes de recibirme. Imagínate mi cabeza. Y el mismo día que rendí mi última materia, me llamaron a la tarde, era un viernes y me dijeron: “Empezás el lunes”. O sea, no tuve tiempo ni siquiera de pensarlo y ese lunes arranqué a primera hora con todas las pilas. Fue muy importante porque tuve la experiencia de poder trabajar en relación de dependencia, algo diferente porque yo siempre estuve muy vinculada a una actividad familiar; por ende, mi jefe en su momento era mi papá. Entonces, responder a una persona externa me dio muchas herramientas, me permitió también poder trabajar de lo que yo había estudiado, porque no tenía ningún familiar que fuera contador y me pudiera explicar cómo funcionaba un estudio. Y aunque esa experiencia me permitió trabajar de lo que yo había estudiado, me permitió darme cuenta también que no era lo que quería para el resto de mi vida. Ojo: nunca me reproché haber elegido la carrera que elegí, pero sí ese primer trabajo, que en realidad fueron dos estudios contables, me permitieron darme cuenta que yo no quería estar en un escritorio toda mi vida. Y también aprender cómo uno debe comportarse cuando tiene personal a cargo. Fue un aprendizaje muy significativo, yo creo que crecí muchísimo, porque pasé de ser estudiante a ser profesional, y también a saber manejarme con las personas, que es lo más importante.

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-Después, otro hito en tu vida fue haber entrado y participado primero en el Ateneo de la Sociedad Rural de Chaco y luego también en el Ateneo de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). ¿Qué podés contarnos de eso?
-Ese momento de mi vida fue una bisagra, un cambio total de pensamiento. Primero, yo tenía la concepción de que era muy difícil el trabajo de la mujer en el campo; por más que sea joven, tenía esa visión que puede decirse tradicionalista. Eso cambió rotundamente: hoy en día somos capaces de hacer absolutamente todo. El Ateneo me dio muchísimas herramientas: primero, que me dejó a personas que hoy forman parte de mi vida, a mis mejores amigos. Y también una formación gremial muy fuerte. Y siguiendo con esa línea de actividad gremial, de defensa de los derechos del productor, es que llegué a FundaCRA, donde presto actividades junto con tres personas que formamos el Consejo de Administración. También sigo participando de otras actividades de mi Sociedad Rural.

-En el medio, “hola, Pamela, ¿cómo andás? ¿Tenés el cosito del coso?”… ¿Cómo es esto de, además, estar a cargo de una ferretería?
-Esto nace un poco también por lo que contaba antes de que no me gustaba el estudio contable. Entonces fue un poco el planteo de mi papá: “Entonces, ¿qué vas a hacer?”. Hice un estudio de mercado, busqué algún producto que no sea perecedero y aparece esto de una ferretería, que algo de arrastre familiar tiene también porque fue una actividad a la que se dedicó mi abuelo paterno mucho tiempo. Tenía una ferretería muy grande en Resistencia y era algo que también me gustaba, me llamaba la atención el comercio, atender, vincularme con la gente, y también la parte de números. Bueno, comencé, no sabía literalmente la diferencia entre un clavo y un tornillo, pero le puse ímpetu y así estoy hoy en día. Me hago cargo de todo, no solamente del trabajo de atender proveedores, también en el mostrador con clientes, otras en la oficina, tengo personas a cargo.

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-Momento de volver al campo: crías caballos Cuarto de Milla con amanse natural. ¿En qué consiste esa técnica?
-Primero que nada, el tema de la cría de caballos Cuarto de Milla nace por una necesidad que tenía de involucrarme en el campo, luego de haber tenido la experiencia de trabajar en los Ateneos y contar con mucha información. Mi familia siempre se dedicó a la cría de ganado bovino y específicamente pensé: ¿qué podemos hacer con los caballos? Teníamos solamente ejemplares para rodeo, entonces se me ocurrió incorporar una nueva unidad de negocio, porque consideraba que era la forma más factible de incorporarme a la empresa familiar, a través de algo que siempre me gustó como los caballos. En el 2018 hicimos una inversión en eso, me dio una mano mi papá en la genética, comprando reproductores, y avancé con la inscripción de la empresa en la Asociación de Criadores de Caballos Cuarto de Milla, para poder ser una cabaña. En todo esto nos ocupamos con mi mamá, que es una genia y tiene una paciencia tremenda y ahora se sumó uno de mis hermanos. ¿Por qué la raza Cuarto de Milla? Sobre todo por la docilidad, pero también por su belleza; estoy totalmente enamorada de su cabeza, sus ollares, su carretilla pronunciada. Y con respecto al amanse, sucede lo siguiente: una amiga del Ateneo me invitó a un curso de doma natural, que pensé era la doma tradicional de alguien subido arriba de un caballo corcoveando, por lo que me parecía algo imposible para mí, no me imaginaba arriesgándome a ver quién tenía más fuerza con un bicho (sic) de 500 kilos o más. Fuimos con uno mis hermanos y cuando veo lo que hacía con un caballo chúcaro que recién venía del monte, le ponía el bozal, todo, sin hacer ningún tipo de fuerza, nada, me enloquecí. Al otro día quería agarrar uno y probarlo. Después conocí otro amigo, que también tiene caballos y se dedica a amansar, que me dio muchas herramientas sobre todo de cómo manejarme, porque todavía me faltaban sobre todo herramientas; por ejemplo, no tenía corral redondo y otros medios para hacer lo que nos habían enseñado. Con este amigo de Corrientes comenzamos a trabajar con sus caballos y me corregía, porque yo tenía la teoría pero práctica cero.

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-¿La clave es como un acercamiento de frente, pero respetando su espacio? ¿Por dónde va? ¿Qué dirías si tuvieses que mencionar tres claves del amanse natural?
-En primer lugar, esperar los tiempos. Uno tiene que ir y entrar a un corral limpio. ¿Qué quiere decir? Si tuviste un mal día, no vayas. Para empezar con un caballo chúcaro, ante todo tenés que estar bien primero vos, porque eso lo transmitís. El caballo es como como si fuera una hoja en blanco que vos empezás a escribir, entonces todo lo que vos sientas, la forma en la que entras a un corral, repercute en ellos; si estás histérico, va a empezar a correr. También que cada caballo es distinto, tiene su carácter, su temperamento. Hay algunos que a los 15 minutos podés embozalar; otros que les lleva más tiempo. En segundo lugar, interpretar las señales que te da el caballo. Las orejas, los ollares, si resopla mucho, si bostea… Es fundamental observarlo y ver cuál es su comportamiento, además por la integridad física de la persona que está entrando al corral y también del animal. Y después es como que se va dando, no es que hay una técnica, estás trabajando con un ser vivo, es lo mismo que estés enseñando a una persona, todo se va dando y fluyendo. La primera vez que logré que un caballo me siga me largué a llorar, fue como un hijo dando su primer paso o que diga mamá. Puedo estar tranquilamente tres horas en un corral y es lo que lo que me hace feliz. Ni veo correr el tiempo, no lo noto.

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Guillermo, el pionero en agricultura digital que ahora busca “viralizar” al campo a través del humor https://www.globalwheelco.com/guillermo-el-pionero-en-agricultura-digital-que-ahora-busca-viralizar-al-campo-a-traves-del-humor/ Sat, 12 Oct 2024 10:58:00 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=564295 Es un ingeniero agrónomo cordobés que lleva la mitad de su vida dedicado a la agricultura digital. En el camino, descubrió la necesidad de que el agro comunique mejor y fundó los “Agro influencers”. Es el nuevo protagonista de Tierra de Historias®.]]>

En el camino de expansión que ha tenido el campo a lo largo de las últimas tres décadas, un aspecto fundamental ha sido la incorporación de la tecnología.

Guillermo Ciampagna, un ingeniero agrónomo cordobés, puede dar fe de ello: desde antes de cursar la carrera, trabaja con su padre en una empresa –que dirige desde 2012– dedicada al análisis de Sistemas de Información Geográfica que fue pionera en lectura de mapas, en el marco del proceso de incorporación de agricultura digital que vivió la producción argentina.

Esa combinación de agronomía y tecnología lo llevó también a trabajar durante un tiempo para la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Y como si no le faltaran actividades, también es profesor universitario.

Pero en esa trayectoria, descubrió que mientras el campo avanzó a grandes pasos en innovaciones tecnológicas, nunca pudo hacerlo en materia de comunicación y acercamiento con el público urbano.

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Por eso, a partir de 2023, y con la ayuda de su hermano director de cine y propietario de una productora audiovisual, comenzó con los “Agro influencers”, que se definen como personas comunes, sin superpoderes más que el entretenimiento, que buscan precisamente acercar al campo a la ciudad, a través del humor.

Su historia es la que se cuenta en este nuevo capítulo de la serie de podcast Tierra de Historias®, producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Un extracto de esta entrevista, que se puede escuchar en la cuenta de Spotify de Tierra de Historias o al finalizar esta nota, se reproduce a continuación:

-Naciste en Córdoba capital. ¿Cómo fue tu vínculo con el campo de niño? ¿Qué recordás de esa infancia?
-Soy ciudadano de la gran ciudad de Córdoba, del centro, pero mi familia es oriunda de Suiza, un tatarabuelo vino y se instaló en la zona de monte de, Río Primero antes de que hubiera una ciudad allí, y entonces íbamos los fines de semana desde Córdoba a Río Primero por la vieja ruta 19 a disfrutar. Me acuerdo mucho porque era lindo: era una vieja estancia, con una pileta de 25 metros, en la que se hacían fiestas para todo el pueblo. Y los recuerdos son por ahí no tener luz, comer un asadito con mis abuelos, el aroma a tierra y a lluvia que es tan lindo en el campo. Quizás por eso después se me ocurrió dedicarme al agro.

-Esa era una de las preguntas. ¿Por qué elegiste agronomía? ¿Había algún plan B? 
-Lo mío fue terriblemente lineal. Hasta el día de hoy siempre les cuento a mis alumnos de la universidad que cuando terminé la guardería, y luego al hacer jardín, primaria y secundaria, yo ya sabía que iba a estudiar Ingeniería Agronómica. Pero en el primer día de Agronomía me inscribí también en Administración de Empresas, porque un poquito de dudas tenía con las Ciencias Económicas; pero seguí con Agronomía. Y apenas terminé, hice la Maestría en Administración. Estaba de novio, me casé y tuve dos hijos, tal cual lo planeado. Siempre mi vida es 100% planeado.

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-En paralelo, mientras estudiabas, trabajabas con tu papá en la empresa de sistemas de información geográfica, y fueron pioneros en todo lo que es agricultura digital. ¿Qué te gusta de esa parte de información llevada a la acción?
-Imaginate que a los 18 empecé en febrero el cursillo, pero el 1° de enero empecé en la empresa familiar. En ese momento era solo mi papá más cuatro o cinco personas más que la habían fundado en el ’89. En el 2000 me sumo a trabajar con digitalización; o sea, llevar planos papel a digital. Eran planos de ciudades, tenía que dibujar las calles, era tan simple como eso y era todo un desafío esto de los datos en digital, así que sin dudas es mi pasión. Me vuelve loco el tema de qué hacer con esos datos, el transformarlos en información, y esa información en conocimiento. Y mi gran desafío es como la cuarta etapa: llevarlo a la sabiduría; aprender del resto sin necesidad de chocarse con la pared. Es muy importante en el campo ver qué le pasa al campo de vecino, cómo hace para elegir el mejor híbrido, la fecha de siembra, cómo moverse con el clima.

-Sos también profesor universitario. ¿Cómo ves a los jóvenes?
-Yo creo que la juventud no está perdida; ellos están encontrando el camino. Es lo mejor que te puede pasar estar con jóvenes, porque ellos tienen un espíritu de búsqueda constante. A veces te frustran ciertos caminos que eligen, pero sin duda hay que saber escucharlos y mirarlos. Y tienen muy claro las cosas: a veces uno es muy negativo, pero no ve los ejemplos positivos. Hay jóvenes que ya fundan empresas, que viajan y recorren el mundo, que se casan y tienen una familia. No necesariamente la juventud está perdida. Veo jóvenes que son 10 veces más capaces que yo, con mucha interacción con la sociedad y conciencia, no son individualistas ni egoístas.

-Como experto en tecnología aplicada al agro, ¿qué ves que ha sucedido en los últimos 20 años respecto a ese tema?
-En ese entonces, la intención era ser pionero y metieron un poco la pata: nombraron todo eso como agricultura de precisión, después por ambientes y más tarde 4.0 o digital, por no aceptar que metieron la pata de entrada. Porque querían instalar una teoría relacionada con la geomática de ser precisos, de que cada metro cuadrado tenga la semilla, el herbicida o el fertilizante correctos. Entonces, por más que ya existían los GPS, las máquinas no tenían la capacidad de aplicar esas dosis variables. Hoy sí se puede hacer agricultura de precisión, tomando decisiones ya incluso por centímetros, por ejemplo imágenes con un dron y ver si hay que aplicar un fitosanitario o no, y gastar menos combustible, menos dinero y producir mejor. El problema es que en muchos casos se siguen vendiendo espejitos de colores, con cosas que están muy alejadas del productor real, que no está capacitado para hacer una dosificación variable, porque nunca lo vio en un trabajo práctico de la facu.

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-¿Qué te entusiasma de la posibilidad de incorporar estas tecnologías?
-¿Por qué si le pregunto a una calculadora cuánto es 7 por 4 dividido 3, no puedo hacer lo mismo de consultarle a una computadora cuánta urea aplicar en un ambiente en la Pampa Húmeda, Zona Agroecológica 3, con un índice de productividad 5, con una muestra de suelo con materia orgánica del 4%? Lo puedo hacer y eso facilita un montón. El trabajo profesional no es pensar que me suplanta, sino que me lo facilita. Ahora bien: hay una barrera enorme que ahí es donde te lo mezclo con los Agro influencers: aplico un insecticida o compro un híbrido resistente, pero no me hace falta el nombre científico. No necesito conocer el nombre del principio activo de un producto, pero las conferencias se hacen sobre eso. Los profesores de la Universidad nos paramos en el saber, porque nos regocija el ego, pero nadie no entiende. Nos quejamos de que los chicos del primario o secundario no saben, pero les hablamos en difícil para que sigan sin aprender. Precisamente lo que buscamos con los Agro influencers es comunicar desde la simpleza.

-Ya que te metiste solo en ese tema. ¿Cómo fue que surgieron los Agro influencers?
-Mi hermano es director de cine y tiene una productora, con un equipo bárbaro, y siempre quise hacer algo con ellos desde el agro. Porque hay un problema grave en la comunicación: la tecnología, que es lo que yo trabajo desde chico, me cuesta horrores que se entiendan sus beneficios y cómo implementarla en las empresas. Entonces nos juntamos y dijimos: “hagamos algo con el agro y la comunicación desde lo simple”. Así, la historia de los Agro influencers son tres personas de ciudad que no saben nada de campo, que se van a vivir allí para aprender sobre sustentabilidad, tecnología, buenas prácticas agrícolas y ganaderas, y un poquito de valores y costumbres rurales: tomar mate amargo, cómo hacer un asadito con leña, pasarse las Fiestas laburando, que son cosas que ocurren en la cultura rural que por ahí en el ámbito urbano no se conocen y hace que no se valoren. Que la gente sepa que a la mañana temprano, cuando se toma un café y le pone un poquito de leche, agarran una tostada y le ponen un poquito de dulce de leche; todos esos productos vienen del campo, así como el asadito del domingo, las pastas o incluso un vaso de gaseosa. Todos los productos derivan del campo, incluso la ropa que uno tiene, pero no comunicamos eso desde el campo, comunicamos que somos productores y parece como que quisiésemos ser mineros.

-¿Cuál fue el principal desafío que tuvieron? Porque no es fácil plasmar una idea y menos hacer humor.
-El primer desafío fue cómo lograr sustentabilidad económica, en cuanto a entender que alguien tiene que financiar esto. Pero lo logramos rápido y conseguimos el equilibrio de que el público no siente que le están vendiendo algo, sino lo que sucede en el campo. Hay una empresa de fertilizantes, una de tractores y es lo normal, yo no lo digo “ese es el mejor tractor”, sino “este vehículo tiene estas características, se vende en tal lugar”, y es lo que pasa en el campo, en la vida real.

-Volviendo a tu perfil tecnológico, trabajaste también para la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). ¿Cómo fue esa experiencia?
-Mientras estudiaba agronomía, trabajaba con imágenes satelitales y vinieron unos ingenieros que trabajaban en el instituto de Fitopatología Vegetal y me dijeron que querían elaborar alguna plataforma para saber dónde hay pulgón ruso del trigo. Hacer un sistema de alerta como hay ahora del dengue, por ejemplo, pero para ese insecto y mosquita blanca de las frutas. Entonces viajaba dos o tres veces por semana a Falda del Carmen (Córdoba), a la estación que funciona allí de la CONAE, y trabajé un año en eso.

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Hilario, el joven que hace videos para que “la gente se divierta” con el campo y se acerque a la sociedad https://www.globalwheelco.com/hilario-el-joven-que-hace-videos-para-que-la-gente-se-divierta-con-el-campo-y-se-acerque-a-la-sociedad/ Sat, 14 Sep 2024 10:47:42 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=562416 Con más de 160.000 seguidores entre Instagram y TikTok, Hilario Güiraldes es otro de los jóvenes que acerca al campo a la ciudad a través de las redes. Es el nuevo protagonista de Tierra de Historias®.]]>

Que Hilario Güiraldes esté en este momento estudiando Agronomía en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) no es una casualidad, sino más bien una causalidad.

Cuando relata sus orígenes, cuenta que ya al año de vida le regalaron un “petiso” para montar, y que comenzó efectivamente a andar en un ejemplar de esta raza de equinos pequeños a partir de los tres años.

Durante toda su infancia y su adolescencia, construyó una vida atada a la ruralidad, y de allí deviene su interés por trabajar en el campo y estudiar una de las carreras asociadas al mismo, más allá de que reconoce que en algún momento dudó con Abogacía, la profesión de su madre.

Pero lo que quizás apareció de sorpresa en su camino fue la fama a través de las redes: con tan solo 20 años, es otro de los jóvenes “agroinfluencers” que acercan al campo a la ciudad en Argentina, con más de 160.000 seguidores entre TikTok e Instagram, donde se destaca por subir videos con grandes dosis de humor.

Precisamente, menciona que su objetivo es “que la gente se divierta”, porque considera que es la mejor manera de que “se amigue con el campo”.

Por eso, Hilario fue elegido como el protagonista de un nuevo capítulo de la serie de podcast Tierra de Historias®, producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Un extracto de esta entrevista, que se puede escuchar en la cuenta de Spotify de Tierra de Historias o al finalizar esta nota, se reproduce a continuación:

-Lo primero que te quiero preguntar es un clásico de este podcast: ¿cuál es tu historia familiar vinculada al campo?
-Yo me crie toda la vida en el campo; de hecho, mi casa es como si fuera una quinta. Mi padre es domador de caballos y mi madre es abogada, pero también apasionada por el campo por herencia familiar, así que desde recién nacido andábamos a caballo; y ya a los tres años comencé a andar solo en un petiso.

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-Si cerrás los ojos, ¿qué recordás de esa época de niño? Sensaciones, sabores, olores…
-Me pasó cuando viene para Buenos Aires que, al volver allá después de un mes, empecé a darme cuenta cómo extrañaba el olor a bosta, a tierra mojada, al sudor del caballo, a cosas que uno ni piensa.

-Hablaste de cuando viniste a Buenos Aires, ¿qué cosas son las que te ha costado más adaptarte?
-Primordialmente, el ruido. Porque si bien había venido, por ejemplo a las rurales de Palermo, era cuando mucho tres días. Es totalmente diferente vivir. También con la cantidad de gente, y que andan acelerados, no se relajan, no caminan despacio, dos segundos, van todo corriendo, es impresionante.

-Te viniste a Buenos Aires para estudiar Agronomía. ¿Fue tu único plan o tenías un plan B, algo que no tuviera que ver con el campo?
-No, siempre busqué algo relacionado con el campo, ya sea directa o indirectamente. Por ejemplo, a nivel de carreras, al principio estuve muy indeciso entre Veterinaria y Agronomía. Y había una opción que era como un plan C que era Derecho, que siempre me gustó también porque mi madre y mi tío son los dos abogados. Pero me terminé diciendo por Agronomía.

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-¿Qué crees que pueden aportar los jóvenes de tu generación, que son “nativos digitales”, más aggiornados a lo que son las nuevas tecnologías para obtener información?
-La verdad que mucho. He ido a muchas charlas sobre el campo y normalmente siempre se recalca lo mismo: que el campo tiene un problema principal y que es que se quedó atrás en la propagación de información. Es por eso que siempre se lo ataca, porque la gente no tiene información. Si supieran lo bien que hace el campo, cómo funciona, lo terminarían ayudando. Es la base de todo, no solamente en Argentina sino en todo el Planeta. Todos vivimos del campo, ya sea directa o indirectamente, para comer un vegetal o para comer un pedazo de carne, o para construir lo que sea. De hecho, hoy en día se están construyendo un millón de cosas con biomateriales, y ya tenemos los biocombustibles, los bioplásticos, un millón de cosas más que gracias a Dios se están descubriendo y ayudan mucho más al medio ambiente. Hay que lograr que al campo se lo vea como más amigo, que se conozca por qué se hacen tales cosas, por qué se cría de tal manera el ganado, o se cosecha de tal forma, para que más gente se amigue con el campo, y le gusta, quiera estudiar. Es lo más lindo que tiene la Tierra.

-Hablando de eso, tenés más de 125.000 seguidores en TikTok y más de 45.000 en Instagram. ¿Cómo fue este proceso para convertirte en un agroinfluencer?
-Yo empecé con esto de las redes sociales en el campo, obviamente todo el tiempo porque es como decía anteriormente hay que divertirse, hay que llevarlo de la mejor manera. Entonces siempre hacíamos chistes con mis amigos, con mi familia, nos filmamos haciendo tal cosa, tal otra. Un día dije vamos a publicarlo, penetra en las historias y justo aparece TikTok, que fue más fácil aún. Subíamos todo así nomás, sin demasiada edición, era hacer videos por hacer y a la gente le empezó a gustar todo lo relacionado al campo. Entonces empecé a prestarle más atención y a mostrar algunas cosas, para ver si a la gente le gustaba. Así empezamos a mostrar cómo eran las tareas diarias en el campo, como por ejemplo curar una vaca, un ternero o una oveja, o cortarle las crines a un caballo. Y así me fui encontrando con que a la gente le atraía cosas que no pensé que pudiera interesarles, e incluso con mucha gente con la que intercambié conversaciones y opiniones. Entonces le empecé a meter y la cantidad de seguidores se fue dando, pero sinceramente es un dato menor, lo que yo busco es que los videos tengan gracia, que la gente se divierta.

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-¿Tenés algún hobby o actividad que te despeje la cabeza y que no tenga que ver con el campo o con estudiar?
-La verdad no tengo algo puntualmente como hobby. Lo primero que hago es tratar de ir al campo ni bien pueda terminar de rendir o tenga un espacio. Me escapo para el campo, para andar a caballo, matear en la tranquilidad.

-La última pregunta tiene que ver con tus sueños, desafíos… ¿Qué te imaginás haciendo dentro de 10 años?
-Quisiera imaginarme en el campo, en otro lugar que no sea el campo, la verdad que no. Pero bueno, siempre digo que voy por donde me lleve la huella. Entonces hay veces que no se está donde se quiere, como reza el dicho “se está como se puede, no como se quiere”, pero siempre obviamente encarándolo de la mejor forma y con buena onda, porque es primordial para vivir bien. Pero la realidad es que espero dentro de unos años estar en el campo relajado y trabajando de lo que a uno le gusta.

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Tierra de Historias | Infocampo nonadult
Matías, el joven de Entre Ríos que cultiva arroz y alimenta las redes como “agroinfluencer” https://www.globalwheelco.com/matias-el-joven-de-entre-rios-que-cultiva-arroz-y-alimenta-las-redes-como-agroinfluencer/ Sat, 17 Aug 2024 10:22:54 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=560639 Aunque siempre vivió en el campo, de niño recuerda que no le gustaba tanto la ruralidad y de hecho "no quería ni ver" a las vacas. De la mano de su abuelo y su padre, terminó siendo productor y hoy disfruta de su actividad y lo muestra en las redes. Es el nuevo protagonista de Tierra de Historias®. ]]>

En pleno Siglo XXI, la modernización de la producción agropecuaria no se agota solo en la incorporación de tecnología en la maquinaria y en los procesos, sino también en la generación de nuevas herramientas de comunicación que acerquen al campo a la gran ciudad; y sobre todo, al público joven.

En ese camino está Matías Cattaneo, un productor de San Salvador, una ciudad ubicada en el centro-oeste de Entre Ríos, que se ha transformado en uno de los principales “agroinfluencers” argentinos, con más de 20.000 seguidores en la plataforma TikTok, a donde sube contenidos que muestran el quehacer diario de los hombres de campo.

Pero no es solo un joven que maneja muy bien su celular, sino un profesional del agro –es Técnico en Producción Agropecuaria– que apuesta por una economía regional típica del Litoral, el arroz, y que cuenta su historia en este nuevo capítulo de Tierra de Historias®, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Un extracto de este episodio, que se puede escuchar en la cuenta de Spotify de Profertil o al finalizar esta nota, se reproduce a continuación:

-Contame de tu historia al campo, a la ruralidad.
-Un dato curioso es que siempre viví en el campo, pero nunca tuve una gran conexión, hasta un poco más de grande. Hasta mi adolescencia, por lo menos, entre los 14 y los 15 años. Los veía renegar a mi abuelo y a mi viejo y decía: “no es por acá”. Pero siempre iba los fines de semana a darle una mano a mi abuelo y creo que él es el responsable de que me haya cambiado el chip. Él falleció cuando estaba terminando el secundario y ahí comencé a ayudarlo diariamente a mi papá, y es cuando nació la pasión que tengo por el campo.

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-Si cerrás los ojos, ¿qué sabores, olores, se te vienen?
-Los olores de cuando íbamos a cosechar con el abuelo, yo desde bastante chico, ya me habían enseñado a sacar carros. Entonces los fines de semana me iba a sacar carros, me hacía unos mangos para salir después a la noche. Me acuerdo siempre esos aromas de la arrocera, cuando estábamos cosechando; y después otra cosa, mi abuela cocinaba bien, temprano empezaba un guiso, que nosotros al mediodía prendíamos un fueguito con alguna ramita, y lo terminábamos, le echábamos el arroz y lo hervíamos. Te puedo asegurar que no lo he vuelto a probar: abajo de un árbol, con el platito en las piernas y comer con un pedazo de pan. No tiene precio.

-Llegó el momento de estudiar: elegiste Técnico en Producción Agropecuaria por todo lo que contaste. Pero, ¿había un plan B?
-No tenía en claro qué quería estudiar, pero tampoco quería ir a probar. Acá en mi pueblo no hay carreras universitarias y tenía que irme sí o sí a Rosario o a algún pueblo cercano, mínimo 50 kilómetros. Entonces pensé que para ir a probar suerte y ver si me gusta o no, prefiero quedarme. Y justo se da que fallece mi abuelo y mi viejo necesitaba ayuda, y también justo en el pueblo teníamos esa Tecnicatura en Producción Agropecuaria.

-¿Qué te gusta más? ¿La parte administrativa o la productiva?
-Me gusta mucho la parte de la economía. El común de los productores por ahí prefiere pagarle a alguien que le lleve los papeles y dedicarse a producir plenamente. Por ejemplo mi viejo siempre decía: “Prefiero hacer un turno de 24 horas en el tractor y no tener que ir una hora al banco”. La camada de gente que tiene de 40 años para arriba piensan todos iguales, pero hoy ha cambiado un poco eso, porque lamentablemente los márgenes son tan chicos, que hoy se convirtió en la mitad en producir y la mitad en comercializar; o sea, el que no compra y vende en buen momento, lamentablemente está fuera de juego.

-Después de tu abuelo, en 2020 fallece tu papá, que imagino habrá sido un sacudón emocional importante. ¿Cómo fue ese momento? ¿Cómo seguiste?
-Mi viejo fallece en enero y en esa época, acá, la producción de arroz está en su pico, en lo que es la parte de riego, fertilizaciones, aplicaciones. Enero y febrero son los meses del quilombo (sic); entonces imagínate cómo estábamos a las corridas, pero bueno, por suerte ya más o menos venía empapado de estos temas. Y siempre tuve buena relación con el ingeniero, con la contadora, que me dieron una gran mano. Aparte de productores conocidos y amigos de la de la familia. Y encima es curioso, porque ese fue el año que saqué más kilos desde que me tocó estar a cargo. Y bueno, recién después de cerrar la campaña sí nos sentamos a pensar en lo que había pasado y ver cómo seguíamos, porque a mis hermanos no les gusta el campo.

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-Y hoy, ¿qué te gusta de lo que hacés cada día en el campo? ¿Qué te motiva cada mañana al despertar?
-Es una pregunta muy amplia, porque en realidad en el campo todos los días son distintos. Incluso los días planificados a veces terminan siendo nada que ver, ya sea porque capaz llegaste a recorrer la soja y andaba un ternero adentro y eso ya te cambió todo el esquema, entonces hay que improvisar mucho. La verdad que me gusta todo, pero por ahí un dato curioso es que yo odiaba a los animales, a las vacas no la querías ni ver, y hoy me encantan. Le estoy metiendo mucho al tema ganadería, y me entusiasma ir a recorrer los animales, y también los cultivos; me gusta mucho andar. Eso también viene de mi abuelo, porque me sacaba a caminar.

-Ahora hablemos un poco de comunicación, de redes. ¿Cómo fue que empezaste a mostrar lo que hacías y le encontraste la mano a eso?
-No te puedo decir bien cuándo arrancó, porque en realidad a mí siempre lo que me gustó fue subir fotos. Me gusta mucho sacar fotos y compartirlas; entonces como que desde siempre lo hice. Lo mismo hacer vídeos e intentar editarlos. Lo que sí nunca me grababa yo, antes que empezáramos con Agrostream.

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-En este marco, ¿qué crees que pueden aportar los de tu generación en relación a la manera de ver los agronegocios y usar las tecnologías para comunicarse y llegar por ahí a los que no son “del palo”?
-Lo que veo hoy en día, que se está explotando mucho, es que podemos mostrar facilísimo el trabajo del campo. Por ejemplo, si estoy en un lote de soja y justo hay un bichito, publicas una foto y alguien te va a decir: “che, este bicho se controla de tal forma “. Eso antes no pasaba. A lo mejor tenías que hacer venir al ingeniero que lo vea. Y pasa con otras cosas cotidianas, que salieron créditos, que la chicharrita del maíz, la gente va compartiendo experiencias, y eso es lo valioso. Hoy la información está disponible; uno solo tiene que bucear en toda esa cantidad de información y separar la paja del trigo, pero la información está y el acceso está bueno.

-¿Qué te gustaría estar haciendo dentro de cinco o 10 años?
-Es muy difícil responder eso o imaginárselo. Justo por ejemplo hoy estamos pasados por agua, está lloviendo hace 15 días, y se pronostica que va a ser un invierno seco. O sea que yo te puedo decir que de acá a seis meses no sé si voy a seguir produciendo, a ese nivel estoy hablando y no importa cuando escuches esto. Entonces estamos pasados por agua y después puede venir una sequía, o al revés, es difícil, todo muy cambiante. Y las redes sociales también, están yendo a una velocidad que nadie se imagina. Así que la verdad que no sabría decirte cómo o a dónde aspiro estar en 10 años, porque va cambiando mucho todo el tiempo. Pero sí me gustaría que se intensifique lo que estoy haciendo ahora; seguir produciendo y también continuar con las redes de alguna manera.

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Tierra de Historias | Infocampo nonadult
Lucía, la joven que hizo volar su pasión y hoy es pionera entre las mujeres que realizan aeroaplicaciones https://www.globalwheelco.com/lucia-la-joven-que-hizo-volar-su-pasion-y-hoy-es-pionera-entre-las-mujeres-que-realizan-aeroaplicaciones/ Sat, 20 Jul 2024 10:17:20 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=558578 Tenía apenas cuatro años cuando empezó a volar en planeador junto a su padre y en la adolescencia descubrió que quería dedicarse a eso. Actualmente, realiza aplicaciones aéreas y vuelos comerciales. Es la nueva protagonista de Tierra de Historias. ]]>

Volar hasta casi tocar el cielo y las nubes con las manos, y llegar bien alto para poder tener una mirada diferente del campo, donde los lotes parecen dibujados como sábanas con formas de rectángulos de colores que, de acuerdo con la época del año, se pintan de verde, amarillo o marrón, según el cultivo sembrado y su etapa fenológica.

Eso es lo que logra Lucía Vastik, la protagonista de un nuevo episodio de Tierra de Historias, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Con apenas 24 años, es una de las mujeres piloto más jóvenes del país y su pasión nació bien de niña: su padre y su abuelo la llevaron a volar en planeador desde los cuatro años, y asegura que desde allí nació su interés en dedicarse a eso.

Hoy es una de las pocas mujeres que realiza aplicaciones aéreas de fitosanitarios y también lleva adelante vuelos comerciales o turísticos. A continuación, un extracto de la entrevista que puede escucharse completa en el canal específico de Spotify o al finalizar la nota.

-¿Cómo fue tu infancia? ¿De dónde viene esta pasión por volar?
– Yo me crie en Córdoba capital. Fui a un colegio católico. Una vida más o menos normal, de hacer actividades físicas y extracurriculares. Mi papá es piloto de planeador, aunque también vuela aviones, pero más que nada de planeador, entonces los fines de semana generalmente íbamos al Club de Planeadores de Córdoba, que se encuentra en Juárez Celman, y pasábamos el día alrededor de los aviones; en la pileta con los planeadores.

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– ¿Si cerrás los ojos y te remontás a ese momento, a esa niña de entre 5 y 10 años, qué recordás?
– Me acuerdo del planeador, cuando lo ayudaba a mi papá a llevarlo a la pista o cosas así, que hay que hacer fuerza y yo era chica, me costaba un montón. Después salir a volar y sentir las cosquillitas en la panza, que después entendí que es la fuerza G que por ahí uno siente. Son muchísimos recuerdos. Salir a volar y ver las cosas chiquitas desde arriba.

– Así fue como decidiste que querías ser piloto. ¿Hubo alguna otra idea dando vuelta, de dedicarte a otra cosa?
– En realidad, yo empecé a volar acompañándolo a mi papá en el planeador, y en uno de esos vuelos un día recuerdo que me dejó pilotear a mí. Ya tenía 13 años más o menos y caí en la ficha de lo que estaba pasando, que estaba volando aviones y planeadores, que no era algo normal, aunque para mí sí lo era por mi familia. Empecé a tomar conciencia de eso y en algún momento me dio un poco de miedo; pero después dije “no, esto funciona así” y empezó como un hobby a esa edad. Inicié el curso con 15 años y a medida que fue pasando el tiempo naturalmente se dio que decidí dedicarme a eso. Pero en realidad cuando era chica yo decía que quería ser astronauta, directora de cine, millones de cosas. Terminé inscribiéndome en inglés, porque quería ser intérprete, pero no sequía. La verdad que cuando vi que podía comercialmente trabajar de piloto, me dediqué de lleno.

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– Y cuando dijiste “quiero ser piloto”, ¿qué te imaginabas haciendo?
– Esto se empezó a macerar cuando yo tenía 15 años, que me subí por primera vez en un avión comercial, y ahí vi que podía vivir de esto, trabajar de la aviación. Lo primero que pensé es que podía ser azafata, por una cuestión quizás de lógica, porque hay muchas mujeres que son azafatas. Pero de a poquito fui conociendo otras mujeres piloto, referentes para mí, que se dedicaban a esto. Inicialmente la idea era ser piloto de aerolínea, no tenía en mi cabeza otras actividades, pero trabajando fui conociendo cosas como publicidad aérea, aplicaciones, lucha contra incendios, vuelos sanitarios, vuelos privados de turismo.

– ¿Cómo surgió lo de ser aeroaplicadora? Porque no tenías una relación directa con el campo.
– En un momento sí, mi papá tuvo una cosechadora y se hablaba del campo en casa. Y a mí siempre me llamó un poco la atención, aunque no entendía bien. Pero el tema de las aplicaciones también se escuchaba en casa por un amigo de la familia, que volaba y todos decían que estaban medio loco, porque volaba de tal manera, y me dio curiosidad qué era lo que hacía. Eso me fue llevando a conocer gente, por suerte hice unos muy buenos amigos que son aplicadores y pude conocer la actividad desde adentro. No fue hace mucho, habrá sido en 2018, ya con 18 años, estaba conociendo la empresa de estos amigos, remolcando planeadores, y el avión que se usa es el mismo que se usa para pulverizar. Entonces es como que todo empezó a encaminarse y conocí la actividad: vi como trabajaban, qué hacían cuando volaban, cómo volaban y me pareció fascinante.

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– ¿Qué te gusta hoy de ser aeroaplicadora?
– Me gusta que el tipo de vuelo que uno hace es más que un vuelo en sí. Si bien el vuelo es intenso, porque te mantiene a todo momento muy concentrado, estás a metros del piso y hay muchos obstáculos como cables, postes y demás; más allá de todo eso, es hermoso todo lo vinculado a la logística del vuelo. Es decir, tengo que salir con un avión cargado con tantos litros, hacer tal lote, tal cultivo. Dejás de ser un piloto solamente; tenés una misión más. Y me parece muy lindo el campo; me gusta estar ahí e ir viendo el proceso de las aplicaciones, conocer qué pasa entre medio, cómo crece el cultivo. En definitiva, que soy un eslabón en una cadena.

– ¿Qué aspectos son importantes para lograr una correcta aplicación aérea?
– Primero, para dar en el blanco, uno tiene que tener bien calibrado el avión en el que vuela. Eso se hace a través de tarjetas y hay que conocer el ancho de franja de labor. También qué tipo de gota vas a usar para cada trabajo. Todo esto forma parte de las buenas prácticas agrícolas, que son ciertas pautas para cuidar el medio ambiente, a los animales, a las personas y a los cultivos. Y también la seguridad de los trabajadores.

– ¿A qué altura es lo más bajo que vuelan?
– Normalmente, a un metro del cultivo más o menos. En un maíz, por ejemplo, estás a tres metros del piso.

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– Más allá de las aplicaciones, ¿cuál es el lugar por donde más te gusta volar?
– A mí, porque soy cordobesa, me encanta volar sobre las sierras de Córdoba, pero no podría elegir un solo paisaje. He sobrevolado la costa de Buenos Aires, Mendoza, Cafayate en Catamarca, un montón de lugares que me parecen impresionantes, siempre además van cambiando los paisajes. Quizás uno está volando sobre cierto lugar y justo está amaneciendo o atardeciendo, parece otra pintura; el sol, las nubes, todo cambia.

– ¿Y hay algún lugar en el que te gustaría sobrevolar?
– Tengo pendiente sobrevolar las Cataratas de Iguazú, me gustaría hacer eso.

– ¿Qué crees que pueden aportar los jóvenes de tu generación y más con algo tan importante como las aeroaplicaciones? ¿Hay otras mujeres dedicándose a esto?
– Creo que la gente de mi generación lo que traemos principalmente es otra cabeza en base a lo que son los estereotipos; venimos con menos prejuicios y también que ya nacimos con la tecnología, entonces nos adaptamos más fácil. En cuanto a las mujeres, creo también que nuestra generación tiene mucho más naturalizado hacer cosas independientemente del género y eso está bueno. A mi me gusta dar visibilidad a lo que hago, porque desde que lo hice muchas chicas se contactaron conmigo, y siempre digo que estoy abierta eso, a dar ese espacio, ese lugar.

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– ¿Hay alguna mujer que te haya servido de modelo o inspiración en este rubro?
– Me gusta mucho la historia de Amelia Earhart (N. de R: la primera mujer piloto en cruzar en avión el Océano Atlántico), que fue un ícono, y aquí encontré referentes en el Club de Planeadores. Por ejemplo, una chica que remolcaba planeadores, que fue por ella que me di cuenta que no quería ser azafata solamente porque lo que me gusta a mi es volar. Y no tuve suerte de conocer antes de empezar a alguien dedicado a aplicación aérea, pero sí después a otra joven que está volando también.

– Cuando mirás hacia adelante, ¿cuáles son tus sueños o desafíos? ¿Ser piloto de grandes naves, por ejemplo?
– Quizás en un futuro lo probaría, no lo digo que no a las experiencias. Pero bueno, ahora a corto plazo estoy con la aplicación aérea y me gusta mucho. Sigo aprendiendo. Y estoy incorporando una nueva actividad que es la lucha contra incendios forestales. No descarto otras actividades a futuro: tengo 24 años, no me puedo encasillar. Estoy abierta a que surjan nuevas cosas.

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Tierra de Historias | Infocampo nonadult
Ignacio, el joven veterinario que busca hacer escalar la ganadería al pie de la cordillera patagónica https://www.globalwheelco.com/ignacio-el-joven-veterinario-que-busca-hacer-escalar-la-ganaderia-al-pie-de-la-cordillera-patagonica/ Sat, 22 Jun 2024 11:15:37 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=556601 Nació en Bahía Blanca, pero desde niño vive en Esquel. Actualmente administra un campo familiar con producción ovina y bovina, donde practican pastoreo voisin. Es el nuevo protagonista de Tierra de Historias.]]>

En una zona en la que la producción es muy distinta a la de la zona núcleo, donde miles de hectáreas se consideran apenas un lote, Ignacio García Diez sobresale en medio de las montañas y los lagos con su aporte para la producción ganadera.

Es un joven veterinario, nacido en Bahía Blanca pero desde pequeño radicado en Esquel (Chubut), que actualmente administra un campo familiar en esa zona del país, donde constantemente innova y busca nuevos rumbos para mejorar y ampliar la producción ovina y bovina al pie de la Cordillera de los Andes.

“Nacho” es el nuevo protagonista de Tierra de Historias, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

A continuación, un resumen del capítulo que puede además escucharse completo en el canal específico de Spotify de Tierra de Historias o al finalizar la nota.

-¿Cómo es producir de manera sustentable en una zona marginal como la Patagonia? ¿Qué tecnologías o innovaciones has implementado para hacerlo?
-Una de las cosas de las nuevas que hemos implementado es el manejo del pastoreo, por ejemplo con el sistema voisin. En los primeros datos que vamos recabando, vemos que ya hay un cambio positivo.

-El pastoreo voisin es el que busca achicar los cuadros con pasturas y tenerlas más controladas, evitando que el animal se coma todo el forraje, sino que consuma hasta cierto punto en que pueda rebrotar. Esa es la idea, ¿no?
-Sí. El objetivo es respetar los tiempos de reposo de las parcelas. Darles esa posibilidad de rebrote y de crecimiento, y apuntar a una ocupación más acotada. Implementar altas cargas en un corto período de tiempo y luego darles un descanso suficiente como para que vuelvan a brotar.

-¿Hay algo más que aporte como valor agregado esta forma de trabajo?
-Una de las principales cosas que vemos es que es muchísimo más fácil de presupuestar la cantidad de pasto que uno tiene en el campo. Al tener parcelas ya usadas y otras que se están por comer o que las diferís para más adelante, es mucho más fácil saber con qué contás, al contrario de lo que sucede cuando son cuados muy grandes. En esta zona hay cuadros de estepa que son de 2.500 hectáreas, entonces hay que tener ojo para saber cuánto pasto te queda para la próxima temporada, no es un trabajo fácil, porque además se trabaja con diferentes calidades de pasto y también depende de donde pase o no la hacienda. Entonces, por eso, uno de los primeros beneficios que tiene el pastoreo voisin es poder presupuestar mejor cuánto pasto queda, y después el hecho de permitir el rebrote y que la planta tenga tiempo suficiente para volver a crecer, permite que los lotes empiecen a producir más. Mientras tanto, también ayuda el efecto de la bosta y la orina de los animales como fertilizante natural.

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-Ahora me interesa retroceder y saber de tu infancia. ¿Qué recordás del campo? ¿Olores, sabores?
-Mi familia, mis abuelos, vinieron de España y se asentaron acá en la Patagonia, donde estamos nosotros ahora. Y si bien nací en Bahía Blanca, de muy chico volvimos a vivir aquí. Recuerdo sobre todo andar a caballo con muchos amigos; mi mamá era de traernos mucho al campo y pasar todos los veranos o los inviernos y cada fin de semana. Después de ir al colegio también, venir con muchos amigos. Y pescar también me gustaba mucho. Y así de a poco me fui insertando en el trabajo del campo.

-En un momento llegó la hora de estudiar, ¿por qué decidiste veterinaria? ¿Había un plan B?
-Yo de chico siempre quise ser veterinario, por mi relación con los animales. Por ahí me gustaba también medicina, pero nunca me gustó el hecho de estar trabajando encerrado. Siempre pensé en veterinaria y por eso terminé estudiando en Río Cuarto.

-Este es un podcast de jóvenes, y pensando que muchos que lo escuchan están terminando su carrera, ¿qué recordás de tu primera experiencia laboral?
-En los primeros trabajos uno siempre tiene miedo porque en todo lo que es grandes animales, después se miden los resultados, por ejemplo desde un tacto o una ecografía, o hasta una inseminación. A los pocos meses te evalúan y eso genera temor. Es también un aprendizaje y un tema es que desde la universidad hay poca práctica. Nosotros no tenemos como una residencia en la vamos aprendiendo. Es como que terminamos la carrera y derecho al campo a trabajar. Así que sí, claro, tuve un montón de esos miedos y con el tiempo aprendí y se van achicando. Además de trabajar de todo, desde en un matadero como inspector hasta hacer castraciones de perros o cesárea a una vaca. La verdad es que se te hace un mundo de preguntas, porque muchas de las cosas que dicen los libros no se ven después en la parte práctica.

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-¿Cómo es tu trabajo hoy en la empresa familiar?
-Estoy en el campo familiar y después administro un campo de ovejas más al sur. Tenemos también una veterinaria en un pueblo, donde hacemos de todo, incluso animales pequeños, no yo pero mi hermana también trabaja ahí.

-¿Cómo es el amalgama generacional al trabajar con tu mamá y también hermanos?
-En nuestro caso fue fácil, porque yo desde muy chico estuve muy metido en el campo. Lo que sí, hoy estamos ya pensando en el futuro, con mis hermanos y con nuestros hijos, para realizar bien el traspaso generacional. Empezamos a través de una consultora a trabajar ese tema y la idea es llegar a un protocolo familiar.

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-Aprovechando tu experiencia, ¿cómo es ser productor en la Patagonia, donde se está lejos de casi todo?
-La verdad tiene sus desafíos o complicaciones porque la lejanía siempre es un factor más, una variable que muchas veces no se puede manejar y que incide desde el precio de los insumos; por ejemplo, el maíz para engorde el precio del flete ya modifica bastante la ecuación, lo mismo que a la hora de enviar nuestros novillos o terneros. Pero a la vez creo que tenemos una gran oportunidad, porque la Patagonia hoy es reconocida a nivel mundial por la cuestión sanitaria, gozamos de un estatus importante de ser libres de aftosa sin vacunación.

-¿Cuáles son tus desafíos, tus sueños? ¿Qué te imaginas de tu futuro en los próximos cinco o 10 años?
-Ojalá que me encuentre trabajando en lo que me gusta, que es la producción. Realmente tengo esa suerte de trabajar en lo que me apasiona. Y lograr que me acompañen mis hijos y empezar a transmitirles esto que tiene el campo de los valores, del hecho de echar raíces. También estar en un marco o en un contexto un poco mejor al que estamos pasando hoy.

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Tierra de Historias: Ignacio García Diez, el veterinario que innova en la Patagonia nonadult
Lucas, el joven que teje lazos entre los estudiantes de carreras del agro y el mundo laboral https://www.globalwheelco.com/lucas-el-joven-que-teje-lazos-entre-los-estudiantes-de-carreras-del-agro-y-el-mundo-laboral/ Sat, 11 May 2024 11:19:20 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=553838 “Jornaderos Agro” es el nombre de la organización que creó un agrónomo que quiere fortalecer las oportunidades de trabajo para los jóvenes agrónomos. Lucas Amadeo, el nuevo protagonista de Tierra de Historias. ]]>

Como sucede en múltiples profesiones, uno de los problemas que suelen vivir quienes estudian ingeniería agronómica o carreras afines, es la falta de oportunidades laborales o de un anclaje entre lo que aprenden académicamente y lo que se necesita “a campo”.

Lucas Amadeo es un joven que lo vivió en carne propia, pero no quiso quedarse quieto ante esa situación: creó una organización, “Jornaderos Agro”, que vincula a estudiantes de carreras vinculadas al agro con el mundo laboral del campo y la agroindustria.

Y sus intereses no son casualidad: vivió 15 años en Pergamino, una de las localidades agropecuarias por excelencia de la Argentina, donde creció en medio de una familia de agrónomos, lo que hizo que desde pequeño conociera y amara las tareas de campo.

Luego, tras recibirse en la UBA, vivió en Australia y al volver, fundó la organización junto a otros jóvenes soñadores.

Lucas es el nuevo protagonista de Tierra de Historias, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

A continuación, un resumen del capítulo que puede además escucharse completo en el canal específico de Spotify de Tierra de Historias o al finalizar la nota.

-¿Cómo fue tu infancia pergaminense?
-Tengo un muy buen recuerdo de lo que fue mi paso por Pergamino, porque al final creo que fue un paso. Nací y viví allí hasta los 15 años, y tengo muchas cosas que añoro de aquel entonces. Me crié a media cuadra del colegio, a no más de cinco minutos en bicicleta de todos mis amigos, a 20 minutos del campo de dos amigos, y con la posibilidad de vivir la vida rural muy rápido, muy cerca. También a 10 minutos del club de rugby, donde nos mezclamos con todo el mundo, amigos de toda la ciudad, de distintas provincias. Y después, un poquito más relacionado a mi vínculo con el agro, mi viejo ingeniero agrónomo, mi hermano más grande ingeniero agrónomo, me crie en un entorno tremendamente agroindustrial.

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-¿Qué recuerdos te vienen si cerras los ojos y pensás en esa época?
-Tenía dos amigos que tenían campo y nos gustaba la vida rural. Entre los siete y los 10 años nos empezaron a dejar a ir a recorrer las vacas a la mañana, con los encargados o los peones y arrancábamos a las 5 de la mañana en invierno, de noche, nos vestíamos con bombacha y boina, en algún momento nos empezaron a dejar llevar nuestro propio cuchillo. Era agarrar los caballos, ensillar temprano, no había más que un mate caliente, que el desafío era no llorar cuando te quemabas con el agua del paisano que la tomaba hervida. Un primer momento en el que empezamos a ser independientes y nos probábamos ya como hombres.

-¿Olores, comidas, algún recuerdo en particular?
-Hay tres cosas que cuando vuelvo a los campos, porque mis amigos todavía los tienen, que me acuerdo mucho: una es el olor de la cosecha, principalmente de trigo, que también me recuerda a las giras con mi papá por Balcarce y Tandil, en la cosecha de forrajeras, y era un olor que me conectaba mucho con la naturaleza. Después como dije antes, el mate amargo caliente que pelaba, un sabor difícil de olvidar. Y por último en uno de los campos había un gran monte de eucaliptus y a las seis, siete de la tarde arrancaba la famosa batalla de los chimangos que cruzaban de lado a lado. Era sentarse a verlos y disfrutar.

-Creciste y en un momento llegó el turno de estudiar. ¿Por qué elegiste agronomía? ¿Había un plan B?
-Fue tan cantado y tan obvio, que me obligué a tener un plan B. No lo dudaba, me crie en ese entorno, lo disfruté mucho, admiré mucho a mi viejo, dónde terminó y lo exitoso que fue. Tenía 12 años y yo lo único que esperaba es que terminara el colegio para poder irme en la gira, y jugar a cuál es esa cosechadora que viene en la ruta y si le pifias a la noche comes mondongo. Conversaciones hermosas con mi viejo, desde muy chico; no solamente lo mamé, sino que lo disfruté. Entonces cuando empecé a pensar qué iba a estudiar, nunca lo dudé. Me gusta el campo, me gustan los animales, y pensé chef y veterinaria. Tuve una buena conversación con él y me dijo: la producción animal la vas a ver en agronomía, tenés que pensar si te gusta una clínica, si te gusta la medicina para ver si sos veterinario. En dos minutos dije agronomía y no lo dudé.

-¿Hubo algo de la carrera que te sorprendiera, que descubrieras algo nuevo que no imaginabas?
-Yo tuve una ventaja, que es que mi hermano Santiago estaba estudiando lo mismo, pero cuatro años delante de mí, entonces ya tenía toda la experiencia de cómo manejarse en la UBA, que en su momento me costó, casi me cambio a la UCA, pero mi viejo me convenció de seguir en la UBA. Y ahora vuelvo muy seguido, de hecho sigo vinculado. Precisamente Jornaderos Agro tiene que ver mucho con eso. Fue en un momento de mi vida mi segunda casa.

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-Hablemos de Jornaderos: ¿Qué es? ¿Cómo surgió? ¿Qué veían ustedes qué faltaba?
-Es una organización que agrupa a estudiantes de carrera vinculadas al agro para conectarlos con la realidad agropecuaria y con los empresarios mientras estudian. Básicamente, sacamos a los estudiantes de las aulas y los conectamos con la realidad de las empresas para mejorar su formación y las oportunidades de trabajo. ¿Cómo surgió? Creo que nunca lo conté, pero venía casi un año y medio atrasado en la Facultad y una camada de amigos de abajo me pasó como colectivo lleno. Venía trastabillando, con materias que me iba mal, pero no dudaba en que quería ser agrónomo, quería ser un destacado como mi viejo. Entonces entendí que no solo tenía que estudiar el doble, sino también empecé a buscar formar de armar mi marca personal. Y al tiempo pensé que lo mejor que podíamos hacer, y que me motivaba mucho, era aprovechar la red de contactos que tenía y que tenían los otros cofundadores de Jornaderos, para lograr algo que la facultad no nos estaba dando. Acceder a empresas de punta que muchos eran amigos o que tenía a los dueños a cuadras de mi casa. Fue una oportunidad de salir del aula para mejorar nuestros conocimientos prácticos. Éramos 12 en 2015 y pasamos muy rápido a ser 200 en cinco universidades en 2019, y en 2021 armamos el portal digital que hoy tiene 3.400 usuarios de toda América Latina. Y en el 2023 volvimos a armar planteles, capitalizamos el portal digital, incorporamos a Luis Urriza, armamos un staff y un programa de empresas comprometidas, y hoy somos una red de jóvenes protagonistas del agro, que tiene muy clara la oportunidad y la necesidad de que una organización como la nuestra crezca, se potencie y solucione muchos de los problemas que tiene el agro sobre todo en términos de vinculación entre generaciones.

-¿Cómo es la dinámica hoy para algún joven que esté estudiando alguna carrera fin a los agronegocios?
-Jornaderos Agro tiene dos grandes áres: una es la organizacional que es todos los planteles de jóvenes que se agrupan mediante una metodología y que básicamente hacen por mes dos cosas: una es una jornada a campo, que van y visitan empresas agropecuarias con una metodología en la que ellos le dejan una devolución al productor; o sea, buscamos que los dos ganen, que el productor que te abre la puerta también de repente de repente se lleve algo. Y la segunda son encuentros motivacionales en los que invitamos a un productor a que vengan a contarles a los chicos por qué se quedaron en Argentina, qué hicieron y por qué deberían apostar por nuestro país. Motivarlos, básicamente. Y después la otra gran área es el staff, que es el grupo de personas que está a disposición de los jóvenes, que facilita el vínculo con las empresas, que firma convenios, por ejemplo con la Fundación Barbechando para mejorar la inserción de los jóvenes en la política. Y ahora una idea es que si estoy en Tucumán, Salta, La Pampa o Río Cuarto, y me quiero sumar, estamos terminando de pulir un portal digital que permita hacerlo de manera sencilla, para poder escalar y ampliar nuestra inserción en el sector empresarial productivo.

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-Al tener contacto con muchos jóvenes. ¿Cómo los ves? ¿Qué cosas te entusiasman o preocupan de las nuevas camadas?
-Tengo una mirada más micro, optimista; y una más macro, que es más preocupante. Empiezo por la macro: el mundo del trabajo en todas las industrias cambió radicalmente, hoy no hay fronteras sobre todo geográficas, el nivel de oportunidades que hay para alguien que está insertándose en el mercado laboral es inmenso. Entonces la competitividad es cada vez más grande: una persona puede estar trabajando desde Merlo para Australia o para Dinamarca con una computadora cuatro horas por día y ganar más para que alguien que hace 2.000 kilómetros por día y trabaja 12 horas. Eso hace que las empresas tengan que trabajar mucho en la frustración, la falta de sentido de pertenencia, en luchar contra esa sensación de que uno se puede quedar en su casa y ganar igual o más. Y si a eso le sumamos una Argentina difícil, que no ayuda, que no avanza, que no logra estar a la altura de otros países del mundo, y encima el sector agroindustrial argentino no tiene el mejor marketing del mundo, porque muchos piensan que el campo es vacas tractores y tirar una semilla que nazca… Pero en la micro, el agro argentino necesita muchos profesionales y muchos están dispuestos a hacer gran parte del cambio, que quieren dejar de ser víctimas y ser protagonistas. Hay gente a la que esta Argentina le rompe soberanamente la cabeza, que no la quiere, que no la elige, pero que tampoco se quiere ir, y eso es lo que logramos en cierta manera hacer con Jornaderos. Es juntarlos, generarles entornos para que se den cuenta que pueden ser protagonistas de sus vidas. Les generamos herramientas y los ponemos en entornos desafiantes, y en experiencias que los ponen a prueba todo el tiempo, para que al final se den cuenta que pueden ser protagonistas de una Argentina distinta, de un sector distinto, de una vida distinta. Cuando alguien me dice que los jóvenes no se comprometen, que se quieren ir, les pido que me lo demuestren con casos concretos. Hace ocho años que me cabeza permanentemente está puesta en cómo hacemos para que más jóvenes se queden, apuesten y transformen el país.

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“Tierra de Historias”: En este capítulo les presentamos la historia de Lucas Amadeo nonadult
Eliana, la ‘gringa’ de Bragado que es fanática de los tractores: “Son mi punto débil” https://www.globalwheelco.com/eliana-la-gringa-de-bragado-que-es-fanatica-de-los-tractores-son-mi-punto-debil/ Sat, 13 Apr 2024 09:52:09 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=551581 Nacida en Bragado, creció en una familia 100% de campo. Entre otras historias de vida, hizo un curso sobre mecánica en el que era la única mujer. Es la nueva protagonista de Tierra de Historias.]]>

Para Eliana Garassi, la “gringa”, nunca hubo duda alguna: desde pequeña amó el campo, sus máquinas, sus tractores, y por eso pretende seguir trabajando allí mientras la vida se lo permita.

Se trata de la joven que es la nueva protagonista de Tierra de Historias, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Nacida en Bragado, desde los tres años vivió con sus padres y tíos en las casillas que se utilizan en la época de cosecha, y a los nueves años ya comenzó a aprender a manejar tractores.

Con toda una vida en el campo, hoy asegura que quiere continuar este trabajo para dejarle a su hija el mismo legado de sacrificio que le dejó su padre.

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A continuación, un resumen del podcast, que puede escucharse completo en el canal específico de Spotify de Tierra de Historias o al finalizar la nota:

-¿Qué recordás de niña en el campo? Cuando cerrás los ojos, ¿qué se te viene a la cabeza?
-Desde la cuna, todos en el campo. Mi mamá, mi papá, mis abuelos, todos relacionados al campo, en una chacra muy chica. Pero siempre ir con mi mamá a hacerles la comida a mi papá, donde estén cosechando ellos, porque hacen servicio de cosecha aparte de tener su chacra. Además, ya a los tres años me dejaron quedarme en la casilla y lo que más recuerdo es despertarme ahí muy chiquitita, mirar por la ventanilla y ver las máquinas, mis tíos arreglándolas, preparándolas para para salir a cosechar. Abría la puerta y estaban mis tíos y mi papá, era mi lugar, me sentía muy feliz.

-¿Qué legado dirías que recibiste de tus padres?
-El sacrificio del trabajo. Mi mamá también apoyaba a mi papá cuando no era la campaña, hacía trabajos de costura. Para poder comprar implementos más nuevos siempre había créditos bancarios, entonces había que apoyar con trabajo de lo que sea. Mi papá siempre nos decía que no hay nada más lindo que apoyar la cabeza en la almohada y tener la conciencia tranquila; dormir y descansar tranquilo, y eso es lo que siempre me quedó. También el valor de la palabra. Si se arreglaban los precios era todo con palabras, no había contratos, y por eso para mí la palabra lo es todo.

-¿Es cierto que empezaste a manejar un tractor antes que el auto?
-Sí, junto a mi hermano, que es más grande que yo. Tenía unos nueve años y me subía al tractor con él, cuando mi tío y mi papá andaban en la cosechadora, y entre descarga y descarga podía andar yo un poco. También aprendí mucho de observar, porque de curiosa ya sabía para qué era cada palanca, por ejemplo. Empecé con mi hermano y después siempre con mi papá, cuando hacían algún trabajo, me subía y me aguantaban; no me podían decir que no.

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-¿Cómo fue la adolescencia después, entre tacos y alpargatas?
-La verdad que a mí el boliche nunca me gustó, sí tenía con mis compañeros previas y esas cosas, pero en general no iba, porque me iba al campo. Día de la semana estaba acá (por Bragado) por el colegio, y sábado y domingo en el campo. Empecé a salir como a los 18 años, porque organizábamos los matiné para recaudar para la fiesta de egresados, y tenía que ir. Ahí salía un viernes a la noche, después volvía y mi papá estaba desayunando para irse al campo. Me ponía a desayunar con él, me bañaba, me ponía la ropa de campo; él me decía que me acostara un ratito, pero a veces seguía derecho, era joven.

-Y llegó el momento de decidir qué hacer, una vez terminado el secundario…
-Yo tuve la posibilidad de ir a una escuela agropecuaria donde hice la secundaria, entonces tenía prácticas en un campo, que la verdad fue la mejor decisión que pude haber tomado. Después me fui a estudiar Agronomía a una ciudad cerca, pero por un tema de costos en esa época y estaba muy desorganizado el plan de estudio, me terminé volviendo a Bragado. Ahí hice un curso de Perito Clasificador de Granos y el último que hice hace muy poquito fue de mecánica agrícola, que me encantó. Era la única mujer entre todos varones; era soldar y esas cosas que yo ya las sabía porque siempre me he metido allá en el campo.

-Hace poco te tocó ser mamá de Clarita, ¿cómo te ha ido con eso?
-La verdad es que estuvo bravo. Lo primero que hicieron mis tíos fue retarme, porque no me podía subir a los tractores porque estaba embarazada y arrancamos mal. Pero bueno, alguna escapadita a los seis meses me acuerdo con la panza, un traslado, me hice por ruta. Ahí me dejaron porque no había pozos no había nada. Y la primera campaña de ‘Clari’ tenía nueve meses cuando fuimos al campo con mi mamá y mi papá, y ellos la cuidaban en la casilla mientras yo andaba en el tractor. Así que a los nueve meses tengo la primera foto de ella que no se mantenía casi ni sentada y ahí ya estaba firme jugando como yo con juguetes, pero con cosas o herramientas. Así que va conmigo desde bebé y hasta el día de hoy llora por subirse conmigo al tractor. Ya sabe todo cómo funciona, me apura, me dice dale para que me acerque a la máquina para descargarle. No es una nena que mire televisión ni nada de eso, no le gustan los juguetes, le gusta el aire libre, sus juguetes son tractores, máquinas. No le llama la atención una cocinita, va y elige un camioncito.

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-¿Hoy qué hacés en el campo? ¿Qué te gusta de tu trabajo?
-Estoy más metida en las decisiones. Al faltar mi papá (N. de R: falleció en 2020), me toca asumir decisiones. Igual me escapo un poquito y me voy al campo a las cosechas, porque es mi punto débil. Pero me toca tomar más decisiones, ayudar en lo que sea, por ejemplo con mi hermana a mis tíos con el tema de los bancos, los papeles, que por ahí hoy en día muchas cosas se pueden hacer con la tecnología y nosotros estamos más acostumbrados a eso. Igual siempre que puedo me subo a un tractor. Por eso también pertenezco a la Asociación de Tractores y Máquinas Antiguas, donde se trabaja como era antes, te remontás a épocas anteriores y es muy lindo.

-Si tuvieras que destacar alguna tecnología que te haya deslumbrado en estos años, ¿cuál sería?
-Nosotros no tenemos mucha maquinaria moderna, pero la más nueva tiene muchísimos botones y una computadora que va diciendo todo: la humedad a medida que vas cosechando, los kilos por hectárea y cosas así. Pero también sucede que a las otras máquinas es más sencillo arreglarlas. Lo que me parece muy bueno ahora es lo que hacen los concesionarios, que mientras estás cosechando ellos te están viendo y monitoreando la máquina, y entonces si paraste ya saben qué se te rompió o te avisan “en tantas horas tenés que cambiar el filtro”. Hay más apoyo. Antes te comprabas una máquina y era arreglártelas solo.

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-¿Cuánto crees vos que sabe la gente de ciudad de lo que se hace en el campo?
-Me ha pasado que invité a una persona de Buenos Aires y vino acá al campo, que nunca había visto un tractor, cómo funcionaba. Me parece muy bueno el trabajo de mostrar lo que se hace en el campo, porque no me gusta esa grieta ilusa de campo versus su ciudad. Para mí no existe porque nos necesitamos mutuamente. Nosotros somos un pueblo, una ciudad muy chica, donde el campo necesita de la ciudad y la ciudad del campo, porque los insumos y los repuestos los compramos acá, y la ciudad necesita nuestros productos. Es un ida y vuelta, no estoy de acuerdo con esa división, estamos todos juntos

-¿Qué te imaginás en tu vida en los próximos cinco o 10 años?
-Como desafío, seguir adquiriendo conocimientos. Todo avanza tan rápido que mi objetivo es estar siempre actualizada. Pero además mis tíos ya quieren aflojar, estuvieron toda la vida en el campo, desde los 14-15 años, es toda la vida, se merecen disfrutar un poco ahora. Por eso, con el apoyo de ellos, quiero seguir con el campo, enfocada en continuar con esto en lo que crecí y me gusta, y dejar este legado para mi hija y mi familia en general.

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Eliana Garassi: Productora agropecuaria en Bragado y le apasiona la producción de alimentos. nonadult
Nació entre uvas y frutales, se crió entre hortalizas y hoy sueña con ser referente en laboratorios para el agro https://www.globalwheelco.com/nacio-entre-uvas-y-frutales-se-crio-entre-hortalizas-y-hoy-suena-con-ser-referente-en-laboratorios-para-el-agro/ Wed, 20 Mar 2024 09:42:58 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=549868 Daniela Ibarra es la nueva protagonista de la serie de podcast Tierra de Historias. Trabajó en un call center y subraya que fue clave para conseguir su primer empleo relacionado al campo.]]>

Los paisajes agrícolas típicos de Mendoza, al pie de los Andes, fueron el escenario en que Daniela Ibarra comenzó a transcurrir su infancia, entre uvas y frutales, en la zona de Rivadavia.

Luego, a los cinco años su familia se fue a vivir al interior de Buenos Aires, a Ascensión (partido de General Arenales), donde sus padres eran parte del entramado productivo de un establecimiento hortícola.

Todo este pasado de ruralidad es el que de alguna manera explica que, finalmente, Daniela decidiera estudiar agronomía.

Hoy vive en Chacabuco (Buenos Aires), donde dirige un laboratorio y es asesora en campos de producción agropecuaria.

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Además, coordina el nodo norte de la Asociación Argentina de Protección Profesional de Cultivos Extensivos (AAPPCE).

En esta nueva entrega de la serie de podcast Tierra de Historias, una producción integral de Profertil, conducida por Juan Ignacio Martínez Dodda, Daniela relata su trayectoria y cuenta que ama tanto su trabajo que sueña con ser la que más sabe de los laboratorios de análisis.

Un extracto de este episodio, que puede escucharse completo en el canal específico de Spotify o al finalizar la nota, se transcribe a continuación:

-¿Cómo fue tu infancia en Mendoza? ¿Dónde naciste? ¿Qué hacían tus padres?
-Nací en Rivadavia, a unos 100 kilómetros de Mendoza capital. Y en realidad toda mi familia es de San Rafael. Mis padres estaban encargados de una finca en la que se cosechaban frutales.

-¿Qué recuerdos tenés de aquellas épocas de niña, en el campo?
-Me acuerdo muy poco de los frutales, porque a los cinco años nos mudamos y vinimos a América, a una quinta donde había producción hortícola.

-Si cerrás los ojos, ¿qué olores, colores, u otras cosas lindas se te vienen a la cabeza?
-Me acuerdo de comer morrones como si fueran una manzana; terrible. Y cada vez que siento el olor del tomate, o de los plantines, eso me hace acordar a la infancia.

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-Con todo ese pasado, de adolescente te decidiste a estudiar agronomía. ¿Hubo algo que creas que te marcó?
-En lo que es frutales u hortícolas, no, no estudié agronomía por eso. Sí me acuerdo que en una juntada con agrónomos de Arenales, había una ingeniera llamada ‘Maribí’ y le conté: “Yo soy agrónoma gracias a vos, porque me inspiraste”. Se reía, pero es cierto: cuando estábamos en la quinta de producción hortícola, la veía todos los días divina, vestida de agrónoma, pero no era común porque los dueños de esa quinta eran todos hombres.

-¿Había eventualmente un plan B?
-La otra opción era nutrición, pero estábamos muy lejos. La realidad es que nunca pero nunca me pregunté qué hago estudiando agronomía. Lo hice como súper segura, aunque sí fue muy complicado, porque uno es muy joven para elegir en ese momento de su vida irse a Buenos Aires.

-¿Descubriste en la carrera de agronomía algo que de repente te deslumbró?
-La agronomía es un montón de cosas, tiene muchas aristas, podés trabajar de lo que se te cante: producción agrícola, de animales, frutícola, agronegocios, como por ejemplo ser un trader, o también estar en un laboratorio, ser docente, hacer comunicación. Se puede hacer absolutamente todo.

-¿Cómo fue tu primera experiencia laboral?
-Mi primer trabajo fue en primer año de la Facultad, pero en un call center, haciendo las propagandas de la marca Western Union sobre cómo enviar dinero. Pero eso fue lo que me ayudó a ingresar a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en la parte de estimaciones agrícolas, donde me tomaron precisamente porque había trabajado en un call center. Porque para hacer el Panorama Agrícola Semanal (PAS), yo llamaba a los técnicos y me quedaba charlando. Recuerdo patente que no quería poner en el Currículum Vitae que había trabajado en un call center, porque no tenía nada que ver, pero me sirvió.

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-¿Cómo te fue siendo mujer en el ámbito rural?
-Después de eso, trabajé en el INASE (Instituto Nacional de Semillas), en la parte más de oficina del registro de variedades, y hace más o menos desde 2019 que vengo siendo asesora, y nunca me sentí que me falten el respeto o alguna otra cosa, nada de nada. Ahora hay también un cambio de mentalidad en las generaciones más jóvenes. Tengo contacto con contratistas, productores, ingenieros agrónomos, gente que la tiene muy clara y con la que siempre hay mucho respeto.

-Estás en la coordinación del Nodo Norte de la AAPPCE. ¿Qué te gusta de ese trabajo?
-Me gusta charlar, dar la respuesta a si sembramos o no sembramos, considerando todo, no quedarse solo con que el PG me dio tanto y chau. Yo quiero ser la que más sabe de laboratorio de análisis de suelos.

-¿Cuáles son tus desafíos, tus sueños, de acá a 10 años? ¿Qué te imaginás haciendo o que querrías hacer?
-Como sueño, me gustaría estar coordinando varios laboratorios por el mundo.

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Daniela Ibarra: Agrónoma mendocina que asesora establecimientos agrícolas. nonadult
Charly, el agrónomo que dibujó a Messi en el maíz y demostró el potencial de la agricultura digital https://www.globalwheelco.com/charly-el-agronomo-que-dibujo-a-messi-en-el-maiz-y-demostro-el-potencial-de-la-agricultura-digital/ Sat, 17 Feb 2024 10:30:57 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=547666 Carlos Faricelli se hizo famoso durante el desarrollo del Mundial 2022, cuando motivó a productores a "sembrar" la cara de Messi en los campos, utilizando dosis variables de semillas y fertilizantes. Es el nuevo protagonista de Tierra de Historias. ]]>

Fue durante el desarrollo de la Copa Mundial de Fútbol 2022, que finalmente acabaría con el astro argentino cumpliendo su sueño y el de todos los argentinos: ser campeones mundiales.

En el transcurso de la contienda deportiva desarrollada en Qatar, un ingeniero agrónomo del sur cordobés se hizo famoso por una idea realmente innovadora: gracias al potencial de las agtech y la agricultura de precisión, “dibujó” a Lionel Messi en campos de maíz.

Su iniciativa fue seguida por muchos otros productores, y transformaron esta movida en una noticia de alcance mundial.

No solo desde un dron: el Messi “dibujado” en los campos ya se ve desde el espacio

¿Pero quién es el primero que tuvo esta idea disruptiva que sirvió para demostrar el potencial tecnológico que tiene el campo argentino?

Se trata de Carlos “Charly” Faricelli, un agrónomo que proviene de una familia dedicada al agro nacido en Río Cuarto y que trabaja en una empresa agropecuaria, en marketing; por ello, está permanentemente buscando nuevas herramientas para comunicar las bondades del mundo rural.

Para conocer más sobre su trayectoria, presente, sueños y futuro, es el elegido como nuevo protagonista de la serie de podcasts Tierra de Historias, una producción integral de Profertil, conducida por Juan Ignacio Martínez Dodda, de la que se presenta un extracto a continuación y que se puede escuchar completa en el canal específico de Spotify o al finalizar la nota.

-Hace poco más de un año fuiste noticia por esa suerte de “tatuaje” que imprimiste y ayudaste a otros productores a imprimir en sus campos, con la cara de Messi, con siembra y fertilización variable. ¿Cómo surgió y cuándo esta idea?
-A mí me encanta dibujar, estoy todo el día haciéndolo, a veces hasta en reuniones que alguien puede pensar que no presto atención, pero sí. Es una pasión que tengo dentro, y la vivo expresando. Estábamos a dos semanas del Mundial, yo en el área de marketing, y se me ocurrió hacer un posteo que estábamos ‘manija’ (sic). Entonces me puse a dibujar el rostro de Messi, con el mouse. Así nació la prescripción de siembra, la dibujé a mano alzada, generé el archivo y la llamé a mi mujer Guillermina. Me dijo: “Está muy bueno, y me imagino que lo vas a sembrar, ¿no?”. Ahí es donde se despertó toda esta idea de hacerlo e invitar a otra gente a sembrarlo. Entre el dibujo y la agricultura digital y de precisión, que tiene mapas, ahí encuentro mi pasión para generar una discusión positiva.

-¿Y cómo es en la práctica? ¿Solo poner más semillas en algunos lugares y menos en otros? ¿O también más o menos fertilización?
-En la parte agronómica fue básicamente variar la densidad de siembra. Yo lo describo como algo similar a la vieja impresora de tinta, en que la sembradora es la impresora y la tinta son las semillas. Pero no basta con eso: después hay que esperar que crezca la planta: donde hay más semillas, hay más maíz, entonces se ve menos el suelo y el verde será más intenso. Ahí es lo que corresponde a la semilla. Pero después en la nutrición, hubo varios productores que hicieron un refuerzo de la “tinta” con el cultivo ya  un poquito más grande: utilizaron la misma prescripción y pusieron, por ejemplo, más urea dentro de la cara y menos urea fuera de la cara. Hoy la tecnología permite ajustar la fertilización hasta planta por planta.

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El Messi dibujado en maíz con agricultura de precisión. (Gentileza Carlos Faricelli)

-¿Esto se podría hacer con otros cultivos? ¿Por ejemplo soja o girasol?
-La mayoría de los productores lo hicieron con maíz y uno lo hizo con soja, que en todos lados yo decía que si le salía había que darle el Botín de Oro. Hubo un momento en que logró que la cara se notara, por la densidad de semillas, pero después el hábito de crecimiento de la soja hizo que se diluya la imagen.  Lo importante es que la gente comience a desafiarse, a ser creativa, y esto lo que afirma además es que el cultivo hace lo que el agrónomo le pide.

-Como periodista, me interesa mucho el vínculo entre campo y ciudad. Esta idea, en el marco del Mundial, hizo que salieras por televisión y radio, por todos lados. ¿Crees que se pudo transmitir lo que puede generarse con tecnología en el campo argentino?
-Creo que hubo factores que potenciaron todo. Lo primero es que se trata de Messi, que lo que toca lo convierte en oro. Más allá de que se ganara o no la copa, es lo que logró que se hizo doble o triplemente viral. Además, si bien me hicieron más notas de medios no agro que de agro, la mayoría me las hacían sin hablar tanto de agricultura, pero sí preguntando desde el asombro por el nivel de manejo de esos lotes que hicieron el tributo. Y hace poco me puse a contabilizar diferentes medios que publicaron la noticia, como El Chiringuito, la UEFA Champions League o el diario Olé, y me daba que según los seguidores que tienen, 250 millones de personas vieron un lote de maíz sembrado en Córdoba, por productores argentinos. Entonces la verdad que ahí dije: “Wow, todo lo que hicimos por el agro sin hablar del agro, porque simplemente es el rostro de Messi, pero expresado en un maíz”. Creo que hicimos un gran puente: sin hablar, rompimos un montón de barreras, funcionó eso de que una imagen vale más que mil palabras.

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-¿Crees que esto puede transformarse en una tendencia o algo porque sirva para transmitir mensajes en el campo, que se vean desde el aire, o una forma distinta de comunicar?
-Ojalá que levante la vara de cómo comunicar, o si tenemos necesidad de llegar a otro público o tal vez transmitir otras cuestiones, sentarnos a pensar cómo podemos hacerlo. Entonces, creo que esto es un antes y un después, primero en relación a las barreras que podemos romper en el agro; y segundo, en la posibilidad de tomarnos un minuto para ser creativos.

-Hablando ya de la tecnología en el campo de manera más general, ¿qué te entusiasma de las innovaciones agtech y cómo ves a los agricultores argentinos incorporándolas?
-Yo veo mucha ganancia de tiempo, se solucionan muchas cuestiones de planificación. Y si vas a lo económico, si vamos a un campo y hablamos burdamente por ejemplo de lomas y bajos, con siembra y fertilización variable vas a estar invirtiendo menos en semillas o fertilizantes en una zona del campo, pero más en otra donde te lo va a repagar con creces.

El “desafío digital de la cara de Messi” que alentó la discusión sitio-específica

-Volviendo más atrás en el tiempo, ¿estudiar agronomía siempre fue tu plan principal o hubo otro?
-Soy agrónomo, pero creo que fue por descarte. A mi siempre me gustó más estar en la ciudad que en el campo. Antes en Río Cuarto, ahora en Córdoba. Creo que agronomía era mi Plan Z. Yo escucho bastante tus entrevistas y la verdad que cuando preguntas por un hobby, diría que agrónomo, porque realmente lo disfruto, aprendí a encontrarle la vuelta. Antes cuando era chico me daba tos ir al campo y ahora voy y no me quiero volver. Pero por ejemplo mi hermana estudiaba publicidad en la Universidad de Palermo, la iba a visitar, y yo quería estudiar algo de eso, veía las computadoras con maquetas, diseños, y a mi me encanta dibujar. Pero me terminé decidiendo por agronomía sin mucha expectativa personal, pero tampoco sin renegar. Le fui encontrando la vuelta y fue más que todo a través de la agricultura de precisión, que fue sobre lo que hice mi tesis, y hoy ya le agregaron más palabras: digital, por ambientes, etc.

-¿Cómo se despertó este alto interés por la agricultura de precisión o digital?
-Siempre estuve en ventas, pero por ejemplo usaba software para hacerles mapas a los productores. Por supuesto que solo el 1% me escuchaba, pero trataba de derramar y de paso canalizaba mi interacción comercial, utilizando esas herramientas que sonaban medio raras para esa época. Así me fui haciendo experto, me ascendieron en el trabajo por un método disruptivo, una plataforma digital que traje, pero incluso antes, ya en 2010 o 2011, ya había comenzado a darme cuenta de todo lo que se venía con la Internet 2.0. Entonces me independicé de los softwares y traté de buscar un punto de contacto digital para después básicamente venderles a mis clientes.

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-¿Dónde te imaginas en 15 o 20 años?
-La verdad que me imagino involucrado con el agro, pero no directamente con los cultivos. Yo con toda la movida de lo de Messi, es un poco también lo que quise hacer siempre de desafiar los límites del agro, utilizando tal vez cosas más de la ciudad. Y así cruzar una frontera hacia otro público. Puede ser generar contenido. Lo que sí me veo en el agro y, por supuesto, como mi padre tiene campo, seguir la producción familiar.

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Carlos Faricelli: agrónomo cordobés que es parte de la innovación digital para trabajar el campo nonadult
Franco, el joven que siente pasión por ser contratista: “Aprendí a manejar la cosechadora antes que el auto” https://www.globalwheelco.com/franco-el-joven-que-siente-pasion-por-ser-contratista-aprendi-a-manejar-la-cosechadora-antes-que-el-auto/ Sat, 20 Jan 2024 10:54:51 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=545553 Criado en el sur de Santa Fe, Franco Torresi actualmente sigue el legado de su padre en la empresa familiar y relata su amor por las máquinas. Es el nuevo protagonista de Tierra de Historias.]]>

En Argentina, más del 60% de las labores de siembra y cosecha son realizadas por contratistas; por eso, son un actor que se ha vuelto clave en el entramado productivo argentino.

Son además quienes dinamizan el mercado de la maquinaria agrícola y llevan adelante las innovaciones que ponen a la vanguardia mundial al campo argentino.

En ese camino se anota Franco Torresi, un joven que integra la “nueva guardia” de los contratistas, caracterizados por continuar los legados familiares de sus padres y abuelos, y que fueron los pioneros de la producción agrícola argentina.

Criado en el sur de Santa Fe, cuenta que creció arriba de cosechadoras y tractores, al punto de que aprendió a manejarlos antes que a un automóvil o una moto.

Actualmente, trabaja codo a codo con su padre y es un “fan” de la tecnología de las máquinas. Y es también el nuevo protagonista de la serie de podcasts Tierra de Historias, una producción integral de Profertil, conducida por Juan Ignacio Martínez Dodda, de la que se presenta un extracto a continuación y que se puede escuchar completa en el canal específico de Spotify o al finalizar la nota.

– Tu trabajo viene de herencia, que se va transmitiendo de generación en generación. Tu papá es contratista: ¿qué recordás de niño en el campo?
– Muchas cosas. Recuerdo siempre al lado de la camioneta, con mi viejo de chiquitito y siempre metido entre los fierros, los tractores, las cosechadoras. Me encantaba ir al campo y lo primero que hacíamos era ir una arriba a la cosechadora; yo vivía para estar arriba de una, a tal punto que me había hecho un banquito chiquitito cuando las cosechadoras todavía no tenían asiento para acompañante. Entraba justo entre la puerta y un par de palancas; ponía mi banquito y me sentaba ahí al lado del vidrio y estaba horas mirando, quería aprende, no veía la hora de que me la den para manejar.

– ¿Vos sos de esos pibes que aprendieron a manejar un tractor antes que un auto, más o menos?
– Sí, totalmente. Aprendí primero a manejar una cosechadora antes que un auto o una moto. Obviamente no en el sentido de hacer una cosecha, pero sí me acuerdo que mi papá la acomodaba un poco y me decía “dale derecho”. Entonces me sentaba, agarraba el volante e intentaba ir derechito. Habrá sido como a los 10 años, hasta que en un momento, eso sí lo tengo muy presente, un año cosechando trigo, me dice en un momento “bueno, manejá”. Se levanta, me da el volante y como que desaparece, se baja de la escalera, y me encontré con la máquina ahí adelante. Dije “bueno, que sea lo que Dios quiera”. Y me parece verlo todavía: venía manejando, se acerca el tractorista como para descargar, descargo mal que mal tratando de llevar la máquina para adelante y miro por el espejo a mi viejo, que venía caminando entre el tractor y la máquina, como siguiendo a ver qué hacía. Agarra la escalera, sube, tampoco es que se había alejado demasiado, siempre estuvo ahí, y es un hombre de muy pocas palabras; pero lo noté como que había cumplido con lo que había hecho. Se volvió a sentar, pero me empezó a largar más solo. Ahí tenía más o menos 15 años.

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– ¿En algún momento pensaste en estudiar? ¿O te metiste de lleno a decir: “la verdad quiero quedarme laburando”?
– Cuando terminé la secundaria arranqué a estudiar Administración de Empresas Agropecuaria en Rosario, pero ya sabía que me tiraba el campo, donde ya desde los 18-19 años venía trabajando, sobre todo en las máquinas. Fue el momento en que empezamos a comprar las primeras cosechadoras axiales fue un momento donde empezamos a comprar las primeras axiales, que a mí me fascinaban. Entonces estuve unos meses estudiando en Rosario, hasta que un día me cayó la ficha y me dije: “No tengo que estar acá, quiero estar al lado de mi viejo con las máquinas, ayudándolo metido ahí”. Entonces me vine y le dije: “Yo no voy más a Rosario, quiero estar acá al lado tuyo y arrancar con las máquinas, decime lo que tengo que hacer y yo voy”. A mi viejo no le gustó, porque quería que siga estudiando, porque sabía que yo para para el campo iba a tener toda la vida, pero quería que tenga una formación. Pero aceptó la decisión y me dijo: “Mañana a las 7 te quiero acá arriba, al pie del cañón”. Y así fue. Desde ese día, que debe haber sido 2002, 2003, que estoy al pie del cañón al lado de las máquinas.

– ¿Cómo fue la amalgama generacional con tu padre? Sobre todo porque quizás al ser más joven seguro tenías alguna propuesta nueva o sugerencia.
– Fue difícil, sí. El primer tiempo fue el más fácil quizás porque yo cumplía todas las órdenes que él me daba: mi viejo siguió siempre a cargo del equipo y él tomaba las decisiones, que de hecho todavía sigue tomando, pero era todo “vamos para acá, vamos para allá, subite, bajate”. Después fui creciendo y empezando a tomar mis propias decisiones y sí, pasamos por momentos difíciles en los que chocamos, yo queriendo imponer nuevas ideas y él manteniendo las de él. Igual, yo soy mucho de ceder antes de confrontar y sé que mi viejo tiene mucha más experiencia que yo, generalmente el tiempo le termina dando la razón.

– En estos 20 años trabajando, ¿hay algún momento difícil o duro que recuerdes?
– Yo no, mi viajo sí ha pasado momentos bravos cuando era más chico y la supo sacar adelante. Desde que yo entré, que estamos tirando los dos juntos, no hemos pasado momentos difíciles, como tener que vender una cosechadora por la situación económica. Sí hay momentos complicados, por ejemplo, de on salir a trabajar porque perdés dinero, te conviene dejar la máquina guardada en el galpón. Es esas cosas en que el tiempo le da la razón a él, porque yo soy joven y por ahí las ganas me pueden, trato de ir siempre para adelante, pero no veo la realidad económica. Y mi papá me advierte: “Fíjate que cuando volvamos de la cosecha no queda un mango, literalmente vamos a traer plata, pero cuando le pagaste al del carretón, al del gasoil, a los empleados y al de los repuestos, lo único que hiciste fue gastar la máquina, estuviste lejos de tu familia y no ganaste plata”. En su momento me enojaba, no compartía la decisión, pero el tiempo le daba la razón.

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– ¿Qué es lo que te gusta más de lo que haces hoy?
– A mí sinceramente me encanta ir al campo. De hecho voy todos los días, aunque llueva, a no ser que sea un diluvio, porque soy de la idea de que en el campo siempre hay cosas para hacer. Y teniendo cosechadoras, tractores y esas cosas, siempre vas a encontrar algo nuevo. A mí me encanta ir al campo y estar arriba de las cosechadoras. Soy un tipo muy precavido, trato de tomar todas las precauciones antes de arrancar una cosecha, para que no nos sorprenda nada. Sé que los fierros son fierros y lo mismo se pueden romper, pero trato de minimizar riesgos, y a mis cosechadoras las conozco desde la primera tuerca hasta la última de la salida; sé dónde están los puntos débiles, aquello que se puede llegar a romper o hay que revisar. Eso me apasiona. Incluso tengo con mi mujer un registro de lo que reparo en las cosechadoras. Antes lo anotaba a mano, ahora fuimos pasando todo a la computadora y lo tengo en formato digital, así sé qué cambiamos el año pasado, cuántas horas tienen las cosechadoras, las hectáreas realizadas, muchos datos que después sirven a la hora de sacar cuentas.

-¿Cuál es tu cultivo preferido?
-No tengo uno. Me gusta mucho trigo, cebada, pero también los de hoja, soja, maíz. Lo más lindo es ver máquinas y camiones que van y vienen sin parar, ves la producción que sale del campo. Me gusta ver 10, 15 camiones parados en la cabecera esperan que los llenes. Y cuando lo lograste te da una enorme satisfacción.

– ¿Cómo es cosechar en medio de Navidad o Año Nuevo?
– Cuando me embarqué en esto ya sabía cómo venía el tema, porque de hecho yo ya había pasado navidades con mi viejo cosechando. En el sur de Buenos Aires se arranca la cosecha a principios de diciembre y se termina en los primeros días de enero, así que generalmente las fiestas las pasamos en la casilla, con un asado, un cordero o un lechón. Pero me gusta pasar las fiestas trabajando.

– ¿Cuáles son tus desafíos, tus sueños? ¿Cómo te imaginas en 10 o 15 años hacia adelante?
– Es difícil imaginarse el futuro en la Argentina que vivimos. Pero al margen de eso, yo me imagino siempre ligado a las máquinas, no en otro ambiente. Quizás acompañando a dos sobrinos que en algún momento van a crecer y quizás quieran empezar a formar parte de la empresa familiar, y yo encantado de acompañarlos. Por ahí me veo desde otro punto de vista, desde la gerencia digamos, pero siempre ligado a las máquinas, no me gusta perder pisada en cuanto a la tecnología y estar a la vanguardia.

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Agustín, el joven para el que la salida es la bioeconomía: “Argentina tiene una oportunidad abismal” https://www.globalwheelco.com/agustin-el-joven-para-el-que-la-salida-es-la-bioeconomia-argentina-tiene-una-oportunidad-abismal/ Sat, 16 Dec 2023 09:26:00 +0000 https://www.globalwheelco.com/?p=543776 Es el responsable Técnico de Desarrollo de la Chacra Bioinnova de Aapresid, enfocada en el agregado de valor. Su infancia rural, su apuesta por el campo y los desafíos que avizora a futuro, en una nueva entrega de Tierra de Historias.]]>

En el marco de un mundo que demanda sistemas productivos cada vez más sustentables, principalmente en lo que refiere a la dimensión ambiental, la bioeconomía juega un rol clave.

Así lo entiende Agustín Torriglia, un joven “sub 30” oriundo de Río Cuarto (Córdoba), que tiene una larga trayectoria familiar en el campo y que actualmente es el responsable Técnico de Desarrollo de la Chacra Bioinnova de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), antes denominada Chacra Agregado Valor en Origen (AVO).

Desde su punto de vista, “la Argentina tiene una oportunidad abismal para lograr generación de valor agregado en el marco de la bioeconomía”, lo que “decanta en desarrollo de los pueblos y ciudades del interior”.

Estos fueron algunos de los conceptos que vertió en una nueva entrega de la serie de podcasts Tierra de Historias, una producción integral de Profertil, conducida por Juan Ignacio Martínez Dodda, de la que se presenta un extracto a continuación y que se puede escuchar completa en el canal específico de Spotify o al finalizar la nota.

-¿Cuáles son tus recuerdos de una infancia rural?
-Mi papá se dedicaba al gerenciamiento de empresas agropecuarias y así fui ‘mamando’, por decirlo de alguna manera, la relación con el campo y la agroindustria. Nací en Río Cuarto, pero viví en General Deheza, General Cabrera y en Brasil, siempre en lugares que estaban muy relacionados con el agro. En ese camino, recuerdo haber acompañado mucho a mi papá, por ejemplo ir hasta a criaderos de cerdos.

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-Con el paso de los años llegó el momento de estudiar y te decidiste por agronomía. ¿Por qué esa carrera? Y también saber si hubo algo que te sorprendió de la misma.
-Siempre tuve en mi cabeza la idea de desarrollarme en la actividad agropecuaria, pero no solo me interesaba la parte productiva, lo que ocurre tranqueras adentro, sino el potencial del país para transformar esa producción y agregarle valor. Cómo esos procesos desencadenan generación de trabajo en sinergia con el campo, que es algo que surge también de haber vivido en distintos lugares en los que la actividad agropecuaria decanta en el desarrollo y crecimiento de las ciudades. En definitiva, la agronomía fue algo que siempre me gustó y entusiasmó, recuerdo que le preguntaba muchas cosas de la actividad a mi papá, y de una u otra manera terminé estudiando.

-Tu primera experiencia laboral, ¿cómo fue? ¿Qué miedos, dudas o sensaciones tuviste?
-Y, uno se siente por ahí inseguro de poder cumplir el papel, la responsabilidad, pero lo afronta con la actitud de creer en uno mismo. Porque también se trata de eso, de decir, ‘estoy acá’, y tener la suficiente confianza para afrontar y poder cumplir en tiempo y forma la responsabilidad. También es importante la amalgama de dar los primeros pasos y tener la oportunidad de equivocarse, porque hay alguien al lado, un jefe o un compañero de trabajo, que te banca para que puedas avanzar y hacer experiencia. Es muy importante.

-Hablando de amalgamar, ¿cómo ves la amalgama generacional entre jóvenes como vos, sub 30, y quienes tienen 50 o más, con otra historia y caminos recorridos?
-En la agronomía se pueden ver intereses muy diferentes, pero hay una relación más estrecha, un ida y vuelta, no esa relación tan vertical que podía ocurrir hace 30 o 40 años, sino más horizontal, colaborativa, de aprender de la experiencia del otro. Y hay que practicar la tolerancia también, todos los días.

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-¿Ves que, también con el aporte de la tecnología, las diferentes generaciones están más abiertas a crecer y avanzar juntos?
-Sí, sobre todo por el conocimiento que hay que en el Siglo XXI. Leí un estudio del MIT de que hace 150 o 200 años, el conocimiento se duplicaba cada 60 o 70 años, y ahora en algunas aristas como la química, se duplica cada 70 u 80 días. Entonces esa capacidad y curiosidad de aprender, desaprender y reaprender nuevamente es algo que hay que tener toda la vida, y entender qué nos rodea.

-Específicamente, ¿qué tecnología de insumos o procesos te llama más la atención?
-En tecnología de procesos, obviamente el sistema de siembra directa que promovemos desde Aapresid, que no solo minimiza la técnica de no remoción del suelo, sino que es mucho más amplio. Al conocer la capacidad productiva o la carga ambiental de un lote, se pueden aplicar un sinfín de técnicas que van más allá de no remover el suelo. Es una intensificación ecológica y sustentable, por dos cuestiones clave: que el suelo tenga la mayor cantidad de tiempo cobertura, ya sea vía cultivo de renta o de servicios; y que haya diversificación; es decir, rotaciones de cultivos, gramíneas y leguminosas. Esos son conceptos claves. Y siempre adaptándose las condiciones edafoclimáticas de cada zona en particular, todo para masificar la producción y optimizar los ambientes. Después, cada día que pasa hay más sensores que miden cualquier cosa que imaginemos. Leí un informe que detalla que la inversión en inteligencia artificial aplicada al agro fue un billón de dólares en 2020, y alcanzará 4 billones en 2026. En seis años cuatro veces más. Pensemos cómo disruptivamente eso va a significar tranqueras adentro y a lo largo de la cadena, cómo la agricultura digital nos va a servir para tener mayores capas de información, conocer lo que ocurre en nuestro sistema y también ser más eficientes; tener el mejor conocimiento agronómico para la mejor fecha de siembra, para la necesidad adecuada, para en qué momento aplicar, en qué momento fertilizar, en qué cantidad, dónde.

-Hay un tema importante que es la comunicación y la brecha campo ciudad. ¿Qué crees que pueden aportar los jóvenes en esto?
-Primero una opinión propia: no creo en esa dicotomía del campo y la ciudad que nos han instalado. Diría más bien que es algo más sociológico, político, económico. No veo una dicotomía real; no hay una brecha, porque de una u otra manera toda la estructura de las ciudades del interior está en estrecha colaboración con el campo. Tenés al profesional que vive en el pueblo y lleva al campo el verdulero, al contador; es decir, termina decantando en el desarrollo de los pueblos y ciudades. Y también incide lo que veníamos hablando del avance del conocimiento: vamos a tener un montón de profesiones que no nos imaginamos en colaboración con la actividad agropecuaria; por ejemplo, un arquitecto que haga paisajes multifuncionales en el campo. Entonces, cada día tenemos más relación con otras profesiones. Pensemos el científico de datos que de una otra manera va a desarrollar un software o va a mejorar la cantidad de datos que generamos tranqueras adentro. Pero después sí hay un condimento más bien político, instalado en último tiempo, pero no hay que dejar que nos implanten ese chip, porque esa dicotomía, en mi opinión, no está.

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-¿Qué desafíos y sueños tenés de cara al futuro?
– Uno aspira a crecer todos los días profesionalmente. Obviamente, que todavía seguir capacitándome y si sale la oportunidad de hacer algún tipo de posgrado. Pero también uno siempre aspira a ser mejor persona.

-¿Pensaste como muchos jóvenes ir a afuera del país a hacer algo y volver, por ejemplo, con algo que te guste como el agregado de valor?
-Lo veo como una alternativa totalmente válida, que me gustaría, pero con la perspectiva también de volver y decantar todo ese conocimiento, en mi país. El tema valor agregado es algo que me encanta, con la proyección que tiene el país, es lo que estoy trabajado en la Chacra Valor Agregado de Aapresid, porque Argentina tiene una oportunidad abismal para lograr esa generación de valor agregado en el marco de la bioeconomía, porque tenemos la biomasa que es el insumo clave, a lo largo y ancho del país. Lo que tenemos que buscar es cómo generamos ese valor o cómo lo capturamos, y después termina decantando en el desarrollo y el crecimiento de todas las ciudades. Obviamente que también dependerá de muchas cuestiones de contexto nacional. Quizá eso no dependa mucho de nosotros, pero tenemos que también dejar nuestro granito de arena para que las cosas se reviertan y lleguen a buen puerto.

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